Los grandes debates en la historiografía económica de El Salvador durante el siglo XX

Ricardo Argueta

AFEHC - Boletín No. 29/Abril 2007   

Cuando hablamos de los grandes debates en la historiografía económica de El Salvador, hacemos particular referencia al tema de la historia agraria. Es en esta esquirla de la historiografía económica salvadoreña, en la cual historiadores de grandes quilates han concentrados sus estudios. Indudablemente la historia agraria ha sido la más explorada, esto obedece a los avatares de la dinámica histórica de El Salvador1. Es importante hacer notar que pocas veces la historiografía salvadoreña ha debatido sobre sus presupuestos. Generalmente, lo que encontramos en la producción historiográfica salvadoreña son tesis que se vuelven verdades absolutas. Escasamente, se ha generado un diálogo sobre las conclusiones a que llegan los historiadores. Empero, el debate es el alma de la historia y de cualquier ciencia social, pues solamente de esa manera se puede avanzar en la búsqueda de la verdad2. Un debate que gire alrededor de las fuentes consultadas, las metodologías aplicadas y a las conclusiones a las que llegan los estudiosos, es necesario cultivarlo en las ciencias sociales salvadoreñas. La historiografía económica salvadoreña y particularmente la relativa a la historiografía agraria se coloca a la cabeza de esta demanda. Cinco libros, me parece resumen el debate —el cual nunca concluye — de la historiografía económica en El Salvador durante el siglo XX. Dos de ellos clásicos: El Salvador, la tierra y el hombre de David Browning Acumulación originaria y desarrollo del capitalismo en El Salvador de Rafael Menjívar. Los otros han visto la luz, en español, después de la trágica década de los ochenta. La economía de El Salvador en el siglo XIX de Héctor Lindo-Fuentes, Una República Agraria de Aldo Lauria-Santiago y La tenencia de la tierra en El Salvador de Geraldina Portillo. En este artículo, queremos hacer un seguimiento de ese debate a partir de tres preguntas: ¿Cuáles fueron las tesis principales de estos autores? ¿En qué puntos de sus análisis entraron en discusión los unos con los otros?. ¿Cuáles son los puntos de convergencia, cuáles los distancian? Las anteriores preguntas se encarrilan en un eje que aún está por profundizarse, ¿Quiénes fueron los beneficiados de las reformas sobre la tenencia de la tierra? y ¿fueron dirigidas estas reformas a beneficiar a alguien en particular? o más bien prevaleció la ortodoxia liberal y fueron los más emprendedores o los más listos en los negocios quienes se beneficiaron de las decisiones de los gobiernos de la época. Hacerse el anterior cuestionamiento resulta importante, porque nos puede ayudar a comprender que tan liberal o mercantilista en términos económicos era el Estado salvadoreño a finales del siglo XIX. Por cuestiones metodológicas, en un primer momento, estableceremos las tesis principales de estos autores y en un segundo momento veremos cual es el estado de la discusión entre ellos.En el libro El Salvador, la tierra y el hombre David Browning hace un recorrido de la historia agraria de El Salvador desde la época prehispánica hasta la primera mitad del siglo XX. Browning detalla con suficiente paciencia las transformaciones en la tenencia de la tierra, las concepciones sobre el uso de ésta, la producción y la propiedad. Algunas ideas del libro de Browning nos ayudan a comprender las diferentes visiones con respecto a la tierra, mientras el indio se consideraba a si mismo y a su medio, como partes integrantes de una relación interdependiente, y a través de su filosofía y de su práctica religiosa, reconoció esta interdependencia y buscó el fomento de la unidad esencial del hombre con su habitat3. El concepto de la comunidad del hombre con el suelo, el clima y las plantas, era la base de las posturas hacia el uso y la propiedad de la tierra. Los españoles consideraban la tierra únicamente desde la perspectiva de la obtención de beneficios económicos. Los conquistadores consideraron la tierra y sus habitantes como el premio por la victoria. Lo anterior nos ayuda a comprender como poco a poco se va construyendo una visión sobre el uso de la tierra que se va a desarrollar en la larga duración. Es decir, esa visión economicista triunfa con la llegada de los europeos y poco a poco se va constituir en la visión dominante. No obstante, durante la colonia coexistieron las dos visiones y producto de esas dos visiones que se traslada al plano de las relaciones reales el tipo de propiedad colectiva y la propiedad individual. Hacia fines del período colonial, como consecuencia de esto, en el territorio de El Salvador predominaban dos formas diferentes de uso y asentamiento de la tierra: el pueblo, una aldea de terratenientes que a menudo representaban la supervivencia de las comunidades indígenas tradicionales (propiedad comunal) y la hacienda, por lo general propiedad privada, de españoles, que se dedicaban a alguna forma de agricultura comercial y que atraía hacia si colonos permanentes o trabajadores migratorios. Después de la independencia, a pesar de que existían esas dos visiones sobre la propiedad de la tierra, ninguna era dominante; pero va a ser con las oportunidades que presenta el cultivo del café, que la visión privatizadora se vuelve dominante. Sucede entonces lo que dice Browning, con la introducción del café el gobierno procuró desarticular la estructura agraria, que había evolucionado gradualmente durante cuatro siglos, y sustituirla con un sistema fundado exclusivamente en la propiedad privada de la tierra, y lo que es aún más importante, a base de un concepto que consideraba a la tierra y a sus habitantes, como los recursos capitales, que debían emplearse con eficacia, para extremar las fortunas personales4.Las reformas sobre la propiedad comunal y ejidal de la tierra buscaban trasladar a posesión individual, todas aquellas tierras en las cuales el agricultor cultivara café. De acuerdo a Browning aunque no hay documentos sobre los efectos de la abolición sobre la propiedad de la tierra. Sin embargo, algunos suponen que unos cuantos privilegiados se enriquecieron con la compra de buenas tierras a precios bajos y la mayoría de centros de población rural se hundieron en la miseria5. Esto debido a que el control que ejercían en los asuntos del estado, permitió que una oligarquía de plantadores y comerciantes, dirigieran el uso de los recursos naturales para sus propios fines6. Y es que no todos podían dedicarse al cultivo del café, aunque algunos lo quisieran y otros lo intentaran, puesto que se necesitaban cinco años antes de que se pudiera recoger el primer fruto, no se podía conseguir créditos durante este período y los fondos iniciales de la comunidad habían sido reducidos y muchos de los vecinos del pueblo no podían contribuir con nada7. El libro de Rafael Menjívar fue pensado en la primera mitad de la década de los setenta, y en palabras del autor lo que pretendía era explicar los determinantes históricos de la lucha de clases en El Salvador. En 1980 vió la luz y rápidamente se convirtió en un clásico de la historia económica del país. Menjívar un académico marxista trasladó de manera un tanto forzada la categoría de Acumulación originaria de capital, categoría utilizada por Marx para estudiar el desarrollo de capitalismo en Inglaterra, al análisis de la historia agraria en El Salvador, pero ¿cuales fueron los resultados que obtuvo Menjívar de ese conato intelectual?. Lo que Menjívar explica en su libro es el procedimiento mediante el cual el capitalismo del agro despoja a los pequeños campesinos de sus parcelas de tierra es decir el despojo de los medios de producción a los productores directos y la transformación de estos en un ejército de reserva de mano de obra. De acuerdo a Menjívar esa etapa de Acumulación Originaria se inicia en El Salvador en 1864, momento en el cual se comienza a destruir la organización económica y social previamente existente, o sea, precapitalista8. Para Menjívar, en 32 años se completó la etapa de Acumulación Originaria. Es decir, solamente bastaron tres décadas para que los capitalistas nacientes lograran despojar de sus tierras a los pequeños campesinos y a los ejidatarios y controlar la economía salvadoreña. Los mecanismos de acumulación empleados por los capitalistas según Menjívar fueron: saqueo de terrenos comunales, incautación de bienes eclesiásticos, enajenación de bienes públicos baldíos. Con respecto al saqueo de los terrenos comunales Menjívar desglosa tres fases: La primera, comprende desde la independencia hasta 1864 en la que se reconocen las formas de tenencia comunal sobre la tierra, La segunda, se extiende hasta 1880, en la cual hay un cambio de actitud hacia la propiedad comunal, y se expresan los enfrentamientos entre comuneros y terratenientes y la tercera, de 1881 a 1896 se inician la aplicación de las leyes de extinción de las formas comunales. Según Menjívar para 1878, el 40% del territorio estaba cubierto por tierras comunales y ejidales. De acuerdo al autor la fracción cafetalera ya en franco dominio de los aparatos del Estado decide transformar la propiedad comunal en propiedad privada. El decreto de extinción establecía que los terrenos en manos de las comunidades impedían el desarrollo de la agricultura. Para Menjívar la burguesía agro-exportadora cafetalera no provino de los sectores añileros, igual que no fue el núcleo principal de los recursos para impulsar el cultivo del café. Esta masa provino fundamentalmente de la burguesía inglesa, los inmigrantes—que luego lograrían en articulación con algunos productores nacionales la hegemonía política. — y los comerciantes convertidos en capitalistas mercantiles. El Salvador al igual que el resto de países latinoamericanos se articula al mercado mundial en función de las necesidades de productos agrícolas y materias primas de aquellos países.El libro de Héctor Lindo-Fuentes La economía de El Salvador en el siglo XIX pretende analizar los caminos que El Salvador siguió para convertirse en un país subdesarrollado. El libro fue publicado en su versión en inglés en 1990 y en castellano en el 2002. Lindo-Fuentes se centra en las decisiones que toma la elite dirigente a finales del siglo XIX ante los estímulos del mercado internacional. En palabras de Erik Ching— quien hace un excelente prólogo al libro de Aldo Lauria y ubica muchas de las tesis centrales de estos debates— Lindo-Fuentes hace uso de la teoría de la opción racional para analizar las decisiones que la elite salvadoreña tomó en su momento. Parte de la idea de que al separarse El Salvador de Centroamérica estaba completamente desolado. Prácticamente el país tenía que empezar desde cero. Como todo estaba por hacerse poco a poco se fueron construyendo edificios públicos, se profesionalizó al ejército, se estableció un sistema judicial, se fundaron escuelas, se abrieron puertos y se cobraron impuestos. Según Lindo-Fuentes la expansión del cultivo del café impuso grandes presiones sobre la tierra, especialmente sobre aquella de la región occidental del país, donde las condiciones para el cultivo del café eran excelentes y donde los ejidos y las comunidades indígenas eran más fuertes. En la década de 1880, la nueva legislación de las reformas liberales reasignaron las tierras y aumentaron el número de trabajadores sin acceso a ella9. El cultivo del café exigía ciertos insumos que favorecían al capital y al talento empresarial; su triunfo fue también el triunfo de la elite, el único grupo de la sociedad salvadoreña que poseía la llave para acceder ambos factores de producción. Para Lindo-Fuentes el principal legado del siglo XIX fue una pequeña elite atrincherada en el poder y prácticamente cerrada ante la presencia de recién llegados, que habría darle forma al siglo XX. Ahora bien los cimientos que dejó el siglo XIX fueron muy débiles. Sin embargo, los dirigentes del siglo XX construyeron, sobre esos cimientos, una estructura cargada de injusticias, inconsistencias e ineptitud política10.Aldo Lauria en . Una república Agraria destaca que durante la época colonial las comunidades campesinas eran muy dinámicas y activas en los mercados locales y de exportación. Muchas de estas comunidades adquirieron tierras por concesión o compra a finales del siglo XVIII. Según Lauria, los campesinos conservaron el acceso a los recursos de la tierra durante un período más largo y en proporciones mayores a las que anteriormente se creía. Hasta la década de 1880, las disputas sobre linderos entre comunidades y haciendas había sido infrecuentes y había poca competencia o conflicto en torno a las tierras sin dueños11. Lauria indica de alguna manera, el camino que siguieron los propietarios para ubicarse en la cúspide del poder económico. Según el autor, fueron hombres que empezaron como oficiales militares, se involucraron en la política de facciones y usaron ese poder para fortalecer eventualmente su producción agrícola. Miembros de las familias Gallardo, Salaverría, Regalado, Menéndez, Guirola y otros eran militares de alto rango a finales del siglo XIX12. Lauria es tajante al afirmar que las tierras que se usaron inicialmente para las industrias del café y el azúcar con unas pocas excepciones importantes, no fueron arrancadas de las comunidades indígenas13. El autor agrega que al contrario de lo que se piensa la privatización aumentó el número de propietarios y creó una clase grande y diferenciada de campesinos y labradores propietarios. Los poseedores de tierra del común recibieron sus parcelas, pero estas eran muy pequeñas. Por lo tanto con una parcela de esas se podría mantener a una familia durante una o dos generaciones a lo sumo, pero de allí en adelante, el crecimiento de la población eventualmente presionaría sobre los recursos de la tierra, lo cual daría lugar al surgimiento de una población proletaria desarraigada14.La tenencia de la tierra en El Salvador de Geraldina Portillo aparecido en 2006 abona a los debates ya establecidos. Portillo refuerza algunas tesis de autores previos y presenta bastante evidencia empírica. Compara el proceso de privatización de los ejidos y las tierras comunales entre regiones al interior del país. El caso de Santa Ana y La Libertad. Su estudio es amplio y analiza con mucha profundidad los registros de la propiedad. La documentación analizada por Portillo permite explicar las características y el comportamiento de los sujetos de la extinción. Ante las reformas los campesinos pobres tenían las siguientes opciones continuar como campesino pobre, vender su propiedad y proletarizarse o perder su propiedad por deuda. Los ejidatarios vendían en su mayoría a precios bajos15. El grupo que aprovechó las reformas liberales para hacerse de tierra fue variado. Portillo presenta estudios de caso como los siguientes: el ingeniero Deininger, cafetalero efectúo  compras, se le otorgó mediante título municipal 15 hectáreas en Quezaltepeque, recibió un inmueble por posesión efectiva, se apropió de dos inmuebles cultivados de café, por morosidad de los deudores, compró una finca pequeña de café en remate público16. Otro caso es el del Dr. Francisco Dueñas, quien fungió como senador, como vicepresidente o como presidente de la república. Su influencia sobre gobernadores y alcaldes municipales, altos ingresos y buena situación económica familiar explican, en gran medida, la facilidad de que gozó para acumular gran cantidad de tierras, principalmente nacionales, ejidales o comunales, con suelos apropiados para cultivo de café, caña de azúcar y para ganadería17. Los miembros de la familia Guirola se destacaron como prestamistas a miembros de su misma clase, a campesinos, que por lo general perdieron sus propiedades por mora en el pago18.Habiendo ubicado algunas de las tesis centrales de estos autores, podríamos intentar responder la pregunta acerca de los puntos de convergencia y las distancias entre estos historiadores. Una de las inquietudes que ha prevalecido entre los estudiosos es ¿cómo se llegó a constituir una elite que concentró durante el siglo XX la propiedad sobre la tierra? durante muchos años prevaleció la tesis de Rafael Menjívar de un saqueo rápido y hasta violento de los terrenos comunales, mediante el cual un grupo se hizo con las mejores tierras y despojó al resto de campesinos, quienes no tuvieron otro camino que engrosar la fila de los sin tierra y por lo tanto emplearse en las tierras de los grandes finqueros. La elite dirigente justificó la necesidad de privatizar las tierras, en tanto se consideraba que estas en manos de las comunidades impedían el desarrollo de la agricultura. Esta tesis ha sido rebatida, tanto por Héctor Lindo como por Aldo Lauria. Para el primero, el traslado de las tierras comunales y ejidales a manos privadas fue un proceso más lento y no tan fulminante como lo expone Rafael Menjívar. Para Lauria, además de considerar que el proceso no fue tan rápido como lo plantea menjívar, otorga a los campesinos un papel más protagónico de lo que tradicionalmente se ha considerado. Es decir, en una visión mecanicista los campesinos son vistos como títeres de las elites. Eso significa, como sujetos sin praxis y víctimas pasivas de las decisiones que esa elite implementa. Pero, en realidad, en varios estudios, como el Patricia Alvarenga Cultura y ética de la violencia en El Salvador se puede ver como los campesinos construyeron sus propios mecanismos de resistencia y de acción política en algunos casos aliándose a las elites políticas y económicas, en otros en franca lucha contra estas. Ahora bien, en la historia es necesario analizar remitirnos a las fuentes para conocer que tan sólidos son los argumentos de los autores. En esta caso, es importante considerar que Aldo Lauria tuvo la oportunidad de revisar una cantidad de fuentes que otros historiadores no pudieron haberlo hecho, eso producto del momento en que se hace la investigación. Ahora bien, aunque Lindo y Lauria refutan muchas de las tesis de Rafael Menjívar y de Browning. Ellos mismos no están libres de divergencias. Como muy bien lo afirma Erik Ching, Héctor Lindo es un autor enraizado en la historia tradicional. Es decir, su enfoque es la elite y las decisiones que esta asume, ubicándose en la famosa teoría de la elección racional. Mientras Lauria es más interesado en la historia social, eso significa analizar como los que no son parte de una elite política y económica asumen las decisiones de esa elite.El papel del Estado con respecto al beneficio de las elites producto del control del mismo es un planteamiento que acerca a Lindo con Rafael Menjívar. La idea comúnmente aceptada de que el Estado salvadoreño ha sido un instrumento utilizado por la elite dominante para beneficiarse. Es decir, un Estado patrimonialista queda mejor explicada a partir del trabajo minucioso que hace Geraldina Portillo. La autora analiza las formas como los fundadores de algunas familias consideradas oligárquicas, por ejemplo el caso de los Dueñas, los Guirola, los Regalado acumularon sus riquezas. En fin, la historiografía económica salvadoreña ha avanzado bastante. Esta esquirla de la historia salvadoreña se ubica a la cabeza del debate académico en el conocimiento histórico. Otras áreas del conocimiento historiográfico han iniciado el mismo camino, por ejemplo hay un interesante debate sobre los sucesos de 1932. La historiografía económica tiene ahora el reto de incursionar en otros temas, de los cuales sabemos poco. Por ejemplo, el tema de los monopolios, la libre competencia, el cultivo de la caña de azúcar y el algodón, la economía informal o el ambulantaje, son temas por explorar y que nos pueden ayudar a conocer el devenir económico de este país. La historiografía salvadoreña se ira desarrollando poco a poco, en tanto la academia salvadoreña se ha dado a la tarea de formar historiadores al interior del país. 

 Notas

  1. Recordemos que una de las razones del conflicto militar fue la distribución de la propiedad sobre la tierra y la enorme desigualdad en los beneficios obtenidos de esta.
  2. Cuando hablamos de verdad nos referimos a la búsqueda de las dimensiones reales de los procesos históricos, presentando argumentos lógicos y con las suficientes pruebas de eso que consideramos real. Sin embargo, siempre estamos aproximándonos a la verdad, pero no cualquier conclusión puede considerarse verdadera, sino se presentan los argumentos sujetos a la falsabilidad.
  3. David Browning. El Salvador, la tierra y el hombre. (San Salvador: Dirección de publicaciones) 1975, págs. 27.
  4. Ibid., pág 270.
  5. Ibid., pág 325.
  6. Ibid., pág 224.
  7. Ibid., pág 290.
  8. La acumulación originaria es— es como señala Marx— un presupuesto histórico para el  aparecimiento del modo de producción capitalista. Tendría entonces el carácter de ley, que necesariamente se realiza en todos los países en que las relaciones capitalistas de producción han llegado a ser dominantes, tal es el caso de El Salvador. Rafael Menjívar Acumulación originaria y desarrollo del capitalismo en El Salvador (San Salvador: Editorial Universitaria Centroamericana) 1980, pág. 140.
  9. Héctor Lindo-Fuentes. La economía de El Salvador en el siglo XIX. (San Salvador: Dirección de Publicaciones e impresos, Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, CONCULTURA) 2002, pág. 167.
  10. Ibid., pág. 314.
  11. Aldo Lauria-Santiago. Una república agraria: los campesinos en la economía y la política de El Salvador en el siglo XIX (San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, CONCULTURA) 2003, pág. 333.
  12. Idem.
  13. Ibid., pág. 342.
  14. Ibid., pág. 346.
  15. Geraldina Portillo. La tenencia de la tierra en El Salvador. (San Salvador: Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos y Arqueológicos, Universidad de El Salvador) 2006, pág. 25.
  16. Ibid., pág. 51.
  17. Ibid., pág. 52.
  18. Ibid., pág. 73
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