Reforma Liberal y secularización del Estado en Honduras

“La secularización del estado, la estructuración de la República y los edificios públicos tegucigalpenses”

La Tribuna, 26 Abril 2009

Edgar Soriano

Tanto la conquista como la colonización de las denominadas indias occidentales (América), estuvo bajo la intervención de la corona y de la iglesia. Aunque las discrepancias de los diferentes sectores, incluyendo la iglesia, existieron desde el inicio de la colonia, y se incrementaron al entrar el siglo XVIII, debido la caótica situación del imperio en Europa. Es evidente ver como después de la guerra de sucesión (1701-1715), independientemente de la instauración de la Casa Real de los Borbón, el panorama se volvió cada vez álgido. Intereses económicos al interior de la metrópoli, como el control mercantil, burocrático, fiscal y eclesiástico, pasó a ser manejado por Cádiz, después de oscurecimiento de Sevilla. Mientras en las colonias las discrepancias aumentaron, quedando evidenciadas en las palabras del Fraile viajero Tomás Gage, que vio: que españoles y criollos eran tan opuestos.

Los borbones iniciaron una serie de reformas que pretendían reestructurar la corona, lo que fue imposible de operar, ya que la insostenibilidad de las colonias se desencadenó latentemente. Las injerencias de las otras potencias europeas, las ideas de la ilustración, el libre comercio y la invasión napoleónica a España; son algunas variables de la crisis del imperio español, y de esa manera se desarrollaron las guerras de independencia en el continente. En todo este panorama la iglesia como institución, ante las ideas liberales, seguía manteniéndose en su privilegiado poder, debido al estatus tradicional de los criollos y sus vínculos con la corona-iglesia.

La institución colonial se vino abajo debido a la citada inestabilidad de la metrópoli. La figura institucional de los cuatro grandes virreinatos decayó irrevocablemente, debido a que la figura verreinal no lograba integrar las regiones ante la mediatización de las audiencias1; por otra parte, habían demarcaciones territoriales, como: la presidencia, capitanías generales, gobernaciones independientes; que si bien estaban bajo la jurisdicción de los virreinatos mantenían autonomía, dando por resultado los regionalismos que facilitaron las tendencias independentistas. En el período post independiente los regionalismos conllevaron a las siguientes confrontaciones caudillistas. La institucionalidad, en toda la región, y máxime en territorios como el hondureño, fue insuficiente frente a la una “cimarrona promiscuidad social” (que tuvo muchos impulsos debido al maltrato y exclusión de parte de los colonos españoles), que generaría un comportamiento, en donde la población giraría en el entorno de “caudillos locales” o “regionales”; y por consiguiente se alejaría el respeto institucional, provocando la consolidación del negativo “clientelismo político” post colonial.

El conflicto de las facciones contrarias se mantuvo debido al estatus que mantenían las familias criollas, las cuales estaban vinculadas al poder eclesiástico. Aunque muchos ciudadanos tenían ideas innovadoras se les volvía difícil romper los esquemas de aquella sociedad rural, en el entorno del latifundio de la hacienda. El estudio de la hacienda como modelo de estructuración de la sociedad pre y post independentistas, es una tesis esencial para estudiar la herencia colonial. La importancia del estudio antes mencionado es imprescindible para entender el desarrollo de la figura del Caudillo, o en sus diferentes denominaciones: Cacique, General, Coronel, como lo puntualizan Stanly y Barbara Stein2.

El liberalismo, se manifestó en diferentes sectores, no sólo en la élite de comerciantes, sino que también es perceptible en algunos clérigos con tendencia secular. En el territorio hondureño, tenemos los ejemplos siguientes: Fray José Antonio Rojas, cerebro del levantamiento de Tegucigalpa de 1812; el Presbítero Miguel A. Pineda, que entre 1817-1820 junto a otros conciudadanos propiciaron levantamientos en occidente; el padre Francisco Márquez, que desde antes de la independencia se mostró beligerante en sus planteamientos de libertad, y en 1822 inició directamente su carrera política, acompañando a Dionisio de Herrera en su visión del nuevo estado por establecerse; hasta llegar a compartir, en la falange federal, las ideas de Morazán. El historiador Marcos Carías Zapata concluye que al nacer el estado independiente, la iglesia se simbolizó en tres figuras: “el presbítero José Nicolás Irías, representando la reacción; el presbítero Francisco Márquez representando la revolución y el presbítero José Trinidad Reyes, representando la tradición”3. Dando a entender las fuertes pugnas, incluyendo, al anterior de la misma iglesia, y de los distintos sectores por el establecimiento del nuevo sistema.

En Honduras la independencia y la corta estructuración de la República Federal Comenzó paulatinamente con la reorganización del naciente estado, pese a los continuos conflictos armados; durante el período Federal se comenzó una serie de expropiaciones a la iglesia, tal fue el caso de la fuerte oposición a la iglesia, con la abolición de las órdenes monásticas en 1828. También el deber de controlar las tierras nacionales, por un lado; y por otro lado, es importante, la figura de las municipalidades que regían las tierras ejidales distritales, incluyendo muchas de las ex cofradías. Estos procesos significaron una nueva etapa histórica, donde la iglesia siguió manteniendo una enorme influencia (que aún hoy es evidentemente perceptible), pero el estado tomó la tutela de las obras públicas y del mantenimiento de las nacientes instituciones educativas. Los avances de la autonomía del gobierno ante la iglesia comenzaron fervientemente con las reformas morazánicas en la década de los 1830 y durante la reforma liberal de las últimas décadas de la centuria del XIX, se dejó por sentado en la constitución política el rol del estado laico en el desarrollo de la República de Honduras. Ejemplo de ello fue cuando el gobierno de Manuel Bonilla, acordó el 16 de mayo de 1912, declarar; que la Iglesia gozara de personalidad jurídica para ejercitar los derechos y contraer obligaciones con las debidas restricciones consignadas en la constitución de la Republica4, esta disposición se tomó debido a la petición del obispo de Comayagua ante el gobierno.

La secularización del estado de Honduras se realizó en medio de una serie de conflictos facciosos, en los que la iglesia mantuvo constantemente su injerencia. Su fuerza siguió siendo visible, ante la desvinculación con la catolicidad, el freno pastoral, las condiciones geográficas, la hostilidad de las facciones liberales, que plantea el historiador Rolando Sierra5. Las querellas continuaron entre los grupos de poder en Tegucigalpa, para el caso, se venía edificando, desde el siglo XVIII, una élite vinculada a una red comercial que discrepaba con las autoridades del gobierno de Comayagua, hecho que llegó al extremo de perpetuar el magnicidio del Presidente Santos Guardiola. Hay que analizar detenidamente el papel de la iglesia en los diferentes momentos históricos; los conflictos eclesiásticos contra el estado, no sólo se desarrollaron contra los liberales, sino que también contra otros gobernantes no liberales, es el caso de contraponerse contra Santos Guardiola, por la libertad de culto que éste decretó para las zonas recuperadas del dominio británico. Por otro lado, se debe entender que las relaciones de la iglesia sobrepasaban las tendencias políticas del siglo XIX, puesto que algunos liberales como José María Lazo, comerciante liberal, que mantuvo fuertes vínculos con la iglesia, demostrado en la sólida amistad con el presbítero Trinidad Reyes. Lo anterior nos lleva visualizar el camino por recorrer en el estudio del siglo XIX; y es necesario ver qué relaciones mantenía la iglesia con una y otra de las facciones, que continuamente iban a la guerra, aún entrando a las primeras décadas del siglo XX.

Pero si es seguro, que al iniciar el período independentista, independientemente de que la capital estaba en Comayagua, Tegucigalpa era un punto de vital importancia en el comercio transoceánico, lo que le ameritó al estado en tener algunas significativas instituciones como: la jefatura de Armas, la Casa de la Moneda, la Universidad, y espacios utilizados por el gobierno, tal es el caso de algunos traslados interinos gubernamentales; el general Cabañas, por ejemplo, se instalaba a esta ciudad por temporadas durante su gobierno (1852-1855); también alquilaban casas para el gobierno, como hizo desde la consolidación de la República, Francisco Ferrera6. Desde la emancipación el estado ha funcionado en diferentes edificios, ubicados en el centro de la ciudad (hoy denominado centro histórico). La Universidad, por ejemplo, se instaló en el Convento San Francisco durante el gobierno de Juan Lindo y posteriormente se ubicó en el convento de La Merced.

Los templos sin duda tenían que quedar en manos de la Iglesia Católica, pero los edificios que funcionaron como conventos en el período colonial y que en el siglo XIX pasaron al control del estado, son una viva expresión de la transición del antiguo régimen a la República de Honduras. Un ejemplo claro, de cómo los edificios, eran desde el siglo XIX controlados por las autoridades estatales y municipales, fue la subasta de 1856 de la iglesia Limpia Concepción (ubicada al lado norte de la catedral) por la municipalidad de Tegucigalpa en 3,000 pesos plata, al acaudalado comerciante Pio Uclés7, aunque el dinero se ocupó para arreglos de los templos dañados por el temblor de 1809.

El proyecto de la Reforma Liberal en su afán por modernizar el pequeño estado, comenzó una serie de políticas encaminadas a secularizar definitivamente al gobierno. La construcción de edificios públicos para la administración gubernamental, era una parte esencial de proceso progresista, conllevando a la iniciación continua de la infraestructura. Se erigieron varias edificaciones durante los mandatos de: Marco A. Soto, Luis Bográn, Policarpo Bonilla, Terencio Sierra; así como los presidentes del siglo XX, que siguieron en la faena en medio de los diferentes conflictos.

El centro de Tegucigalpa alberga una serie de edificios trascendentales en nuestra historia republicana, algunos de estos edificios tienen origen colonial, mientras que el resto se construyeron en el proceso de afianzamiento del estado independiente. De los edificios simbólicos de la historia de la República, podríamos mencionar: la Casa de la Moneda (tiene orígenes coloniales y fue ampliado por el gobierno de Policarpo Bonilla, hoy Biblioteca Nacional), el Hospital General (construido entre 1880-82, hoy fundación MIN, entregada en concesión a un grupo de empresarios), la Facultad de Medicina (construida entre 1899-1900, en el gobierno de Terencio Sierra; hoy alberga el Correo Nacional), la Casa de Gobierno (demolida para construir el Congreso Nacional), la Escuela de Artes y Oficios (construida en 1889, en la administración Bográn, hoy Secretaría de Educación), Casa de Ramón Rosa (Tribunales, hoy Museo del Hombre Hondureño); y del siglo XX, tenemos: el Teatro Nacional (construido entre 1913-1915), el cabildo de Tegucigalpa y el de Comayagüela, el palacio de Comunicaciones Eléctricas, la Casa Presidencial (1922-1992), el Ministerio de Salubridad (hoy IHSS), entre otros edificios importantes en la administración pública, nacidos a lo largo del citado siglo. Los edificios públicos son un símbolo de la transición del colonialismo español a la constante lucha por consolidar la nación.

La consolidación del estado nacional, ha sido una constante lucha de muchos ciudadanos, ante las continuas contiendas armadas. El referente de cómo la anarquía reinaba en nuestro territorio, fueron los continuos conflictos que le tocó afrontar al General José María Medina, pese a ello, fue él quien inició el proyecto reformador. Proceso que afianzaron, Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa (1876-1883). La simbología patria que había iniciado Medina se constituyó; además se crearon otras instituciones, como la Biblioteca Nacional y la reforma del Archivo Nacional. En conclusión han sido muchos los momentos de esplendor de hondureños decididos por desarrollar una nación dejando atrás las antiguas estructuras de dominio colonial, para edificar la República, ante los problemas sectarios que han agobiado el progreso de Honduras. Las nuevas generaciones que hemos visto el alba del siglo XXI, tenemos el deber de conocer nuestro legado histórico para rescatar todos aquellos elementos que fortalezcan nuestra identidad y partir de ello para forjar la evolución de Honduras en la era global…

__________________

1 Capdequi J.M., El estado español en las Indias; editorial Fondo de Cultura Económica, México 1993.

2 Stein y Barbara y Staly, La herencia Colonial de América Latina; editorial Siglo XXI, 1970

3 Carías Zapata Marcos, la Iglesia Católica en Honduras (1492-1975); Editorial Guaymuras 1991.

4 Gaceta No. 4003, serie 401, 5 de agosto de 1912

5 Sierra Fonseca Rolando, Iglesia y Liberalismo: Colección Padre Subirana, 1993.

6 Documento de 1841, Archivo Nacional de Honduras: disposiciones del gobierno de Francisco Ferrera sobre la ocupación del edificio del Convento San Francisco y el alquiler de otros espacios.

7 Sesión del 21 de agosto de 1856, Actas municipales tomo: 1854-1856, Archivo Municipal de Tegucigalpa.

About these ads

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 34 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: