15 de septiembre: conmemoraciones e Historia. El caso de Costa Rica.

Imagen sin título2

La otra fiesta de los niños

Civilismo. A principios del siglo XX, el 15 de setiembre se convirtió en una fiesta nacional y poco castrense.

David Díaz Arias

La Nación, 13 de septiembre de 2009

En su autobiografía, el obrero Juan Rafael Morales Alfaro recordó con cierta melancolía una mañana de 1925, cuando, siendo un escolar, participó en una celebración del Día de la Independencia en su escuela de Palmares. De acuerdo con la descripción de Morales, ese 15 de setiembre, su maestro preparó “un acto público en el mercado de Palmares”.

Dice Morales que era “domingo, estaba lleno de gente del pueblo y campesinos; banderillas tricolores, guirnaldas, farolitos y pastoras adornaban el lugar y el pueblo”. Morales participó en una representación junto con una compañera. De acuerdo con él, “el acto terminó siendo aplaudido, luego pasamos a la escuela a tomar refrescos y galletitas”.

La descripción de Morales es una constancia del impacto que, en su paso por la escuela, tuvo la fiesta de celebración de la independencia. Por esto, varias décadas después, él pudo recordar con precisión las incidencias del acto en que participó. Para don Juan Rafael, el 15 de setiembre era un día diferente, un día de fiesta nacional.

Escolares y patriotas. Desde 1821, habían sido múltiples los medios que los políticos aplicaron para establecer una celebración civil que rememorase la independencia.

Hacia el final del siglo XIX los actos de recuerdo que se organizaban el 15 de setiembre dependían fuertemente del interés del Poder Ejecutivo y las municipalidades.

Todos los años era un problema el costo monetario de las actividades de conmemoración. Además, hacia el final del siglo XIX, la mayoría de los sectores sociales no tenían mucho interés en invertir sus recursos en la celebración de la independencia.

Por esa renuencia, en su empeño por extender el significado del día de la Independencia entre la población, los políticos liberales escogieron la escuela. Esta sería el espacio para la conmemoración, y los escolares serían sus principales actores.

Así, en 1899, comenzó a llamarse a los niños –el “futuro de la patria”– para que fuesen a las escuelas el 15 de setiembre a representar diálogos, escuchar discursos y recitar poemas. También deberían cantar los himnos patrióticos que habían aprendido en la escuela gracias a la materia “canto”.

Al mismo tiempo, los educadores aprovechaban la ocasión para mostrar los símbolos de la nación a los párvulos y explicarles su significado. La Prensa Libre del 16 de setiembre de 1911 nos muestra uno de estos casos.

Ante la presencia del secretario de Instrucción Pública (Nicolás Oreamuno), las alumnas del Colegio Superior de Señoritas recibieron una charla del director del colegio, J. Fidel Tristán.

Según La Prensa Libre , Tristán “explicó a las niñas el símbolo de la bandera tricolor, que estaba colocada en parte culminante artísticamente adornada con flores y palmas, finalizando su alocución con las frase de la jura de la bandera, juramento que hicieron con entusiasmo las alumnas”.

En familia. Los actos conmemorativos del día de la Independencia revestían una importancia fundamental para la formación de la nación costarricense. Con respecto a esto, recordemos que el 15 de setiembre de 1903 se estrenó la nueva letra del Himno Nacional, escrita por José María Zeledón y ejecutada por las voces de los niños de las escuelas de todo el país.

Acorde con ese deseo por exponer el significado oficial de los símbolos nacionales, en 1907, la Secretaría de Instrucción Pública encargó a los talleres nacionales la realización de 5.000 banderas para que fuesen cargadas por los alumnos de las escuelas en la fiesta del 15 de setiembre.

En efecto, la conmemoración de la independencia se había convertido en una lección cívica para los educandos, y no sólo para ellos. Sus padres y familiares, así como toda la comunidad, eran involucrados en el proceso de aprendizaje del simbolismo nacional a través de varios medios: el desfile de los niños por las calles era uno de ellos.

En marcha, con paso militar, los párvulos tomaban las calles de las villas, dispuestos a hacer evidente la alegría del día a la población. Además, muchos padres acudían a la reunión en el plantel educativo para observar la participación de sus hijos.

En la capital, esos desfiles terminaban en el parque Morazán, donde un político o un intelectual pronunciaba un discurso. En zonas rurales, el lugar de llegada del desfile era la iglesia o el palacio municipal.

Entre 1899 y 1921, la fiesta escolar se afirmó como la “nota más conmovedora” de las celebraciones. Por ese poder atrayente y gracias a la importancia que le otorgaron los políticos liberales a la educación, la fiesta escolar se extendió por todo el país. Incluso se desarrolló en comunidades perdidas en las montañas del Valle Central.

¿Escolares o militares? La imagen que nos da Alfredo Volio en la Memoria de Instrucción Pública de 1909 precisa el impacto de la fiesta en la celebración del 15 de setiembre.

Dice Volio: “Durante mucho tiempo en Costa Rica se había dejado en olvido la celebración de la fiesta del 15 de Setiembre. Alguna que otra vez se organizaba una festividad, que representaba fuertes gastos. Era preciso crear una costumbre, mas como para eso debía el acto asumir carácter de sencillez á fin de que pudiera celebrarse en los pueblos de la República, y llevar una significación [se ordenaron las disposiciones], conducentes a ese fin:

“Una alocución del maestro encaminada a poner de realce el valor de la fiesta, con el propósito de despertar el sentimiento patriótico, en el sentido más humano de la palabra; una recitación destinada al mismo objeto, el canto del Himno Nacional y el desfile ante la bandera para saludarla, como un símbolo de la patria, descubriendo su cabeza los niños y las niñas derramando flores al pie. Procurando que estas fiestas resulten amenas y gratas para los escolares, dejarán un recuerdo duradero en su vida y con ello habremos contribuido a fortificar el amor á la patria”.

La administración de Alfredo González Flores se encargó de consagrar la fiesta escolar. A partir de 1915 comenzó una suplantación sistemática de los militares por escolares en todas las actividades del 15 de setiembre. La fiesta escolar pasaba ahora a formar parte de una nueva imagen de la nación costarricense que fortalecía la etiqueta pacifista del país: un país con más maestros que soldados. Hacia 1920, se bautizará a los seis días anteriores a la fecha de la emancipación como “la semana cívica”.

Esa semana principiaba y terminaba con el canto del Himno Nacional y congregaba a los escolares para una lección diaria. Una maestra disertaba sobre algún hecho histórico mientras que los niños efectuaban debatían sobre temas nacionales.

Esos niños probablemente quedaron tan impregnados por su participación en esas celebraciones, que varias décadas después recordarían con simpatía el día en que fueron parte activa de la alegría nacional. Ese parece ser un buen tema para reunir a la familia este 15 de setiembre.

EL AUTOR ES PROFESOR DE HISTORIA EN LA UCR. ESTE ARTÍCULO RESUME UN CAPÍTULO DE SU LIBRO LA FIESTA DE LA INDEPENDENCIA EN COSTA RICA (1821-1921) , PUBLICADO POR LA EUCR.

About these ads

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 33 seguidores

%d personas les gusta esto: