“Mayas” (todavía) en el exilio

Mario Roberto Morales

El Periódico, 2 de mayo de 2007

Un “maya” en el exilio no es cualquier “maya”. No es un “maya” que estudia en el extranjero, ni uno que viaja dando charlas testimoniales sobre una terrorífica experiencia contrainsurgente. Tampoco es un “maya” que va a Miami a ver los delfines del Seaquarium o a Orlando a ver a King Kong en los Universal Studios. No. Un “maya” en el exilio es un manojo de conflictos de identidad.

Primero que nada, salió de Guatemala en los años ochenta amparado por grupos de derechos humanos. Se le instaló en un apartamento en compañía de alguna persona solidaria, tal vez ligada a alguna iglesia o a alguna Universidad. Lo primero que aprendió fue que debía defender su cultural difference y que debía apoyar la affirmative action de los afroamericanos, por ejemplo. Luego experimentó la increíble realidad de que existían personas que, a diferencia de los ladinos de su país, respetaban su condición de “maya” y que ni siquiera lo percibían como indio.

Asimismo, aprendió que el pasado maya (sin comillas) es esplendoroso, y le explicaron que algunos grupos chicanos se han inventando un pasado ligado al apogeo azteca para otorgarse una identidad en los espacios fronterizos de Texas, donde el “spanglish” y las palizas a los ilegales son el pan de todos los días. Fue así que leyó Borderlands/La frontera, de Gloria Anzaldúa, y se volvió ducho en eso de construir parchadas identidades milenarias.

Pero al cabo de un tiempo, un “maya” en el exilio se ve a sí mismo vistiendo pantalones Levi’s relaxed fit, zapatos Reebok, y llevando sus libros en un bookbag ‘made in Indonesia’ cuando se dirige a sus cursos de Antropología o Lingüística en la Universidad. ¿Cómo conciliar la suposición cruelmente ingenua de los gringos de que esa persona necesariamente quiere mantener su identidad y su cultural difference y que si pudiera regresaría a su terruño a cultivar maíz (el alimento sagrado de los dioses y la materia de que fueron hechos los seres humanos), con la sabrosa sensación de ser igual a los demás, de estudiar en una Universidad gringa y de ser respetado por su etnicidad?

Lograr integrarse a un mundo diferente equivale a renunciar a parte de la propia identidad. Y, en este caso, también a que se le respete pater(mater)nalistamente por su cultural difference si es que se adapta demasiado a la nueva cultura. Por eso, un “maya” en el exilio necesita mantener el mito de su identidad “verdadera”. Y mantener ese mito implica afirmar constantemente que sufre mucho por la lejanía de la patria y que no puede volver porque el Ejército ladino lo mata. Y siente que no puede confesar que se encuentra muy a gusto (y con sobrada razón) en Estados Unidos, lejos del terror y el sufrimiento que implica y ha implicado siempre vivir en Guatemala. Cuando oyó hablar de que se firmarían los Acuerdos de Paz se puso a temblar porque sintió que se quedaría sin argumentos que justificaran su irrefrenable deseo de seguir viviendo lejos de la humillación y creyó que sus amigos se lo echarían en cara. Así de efectiva es la inducida culpa y la autocensura “de izquierda” para quienes se las tragan.

La negociación de la identidad étnica en condiciones culposas de exilio izquierdoso es muy dolorida y borrascosa, y esta es la realidad de muchos “mayas” viviendo en Estados Unidos. Por un lado, los gringos les “exigen”, por presión de su political correctness, que mantengan su cultural difference.
Por otro, ellos quisieran negociarla en términos más flexibles de modo que les permitan cambiar el corte por el Levi’s y los caites por los Reebok, pero la foto que tienen que mostrar debe exhibir el atuendo premoderno para que los gringos les tengan las consideraciones posmodernas del caso.
Solidaridad patética. Culposidad dolorosísima. Sobre todo frente a los hechos del presente, que implican el fin de la solemnidad de la izquierda y del mito del exilio, así como el acabose del conflicto armado y el auge del negocio de la solidaridad y la culpa. ¿Qué queda entonces sino ponerse el disfraz cuando se ofrece?      

Guatemala, martes 01 de mayo de 2007

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