Artículo del colega Iván Molina publicado en Áncora. Suplemento Cultural de La Nación. 20.05.2007

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La Versión Extrema sobre William Walker

Campaña Nacional.

EL FILIBUSTERO WILLIAM WALKER NO LLEGÓ AL ISTMO COMO AGENTE DEL LLAMADO ‘DESTINO MANIFIESTO’

Iván Molina Jiménez

Hay algunas explicaciones de procesos históricos que, pese a tener gran aceptación, han sido elaboradas a partir del resultado final de tales procesos, sin atender a las especificidades de su desarrollo. En buena medida, la experiencia de William Walker en Nicaragua puede considerarse un caso de esta índole.

Existe una versión “extrema” de la llegada de Walker a Centroamérica, según la cual su arribo es entendido como una invasión derivada de la doctrina Monroe y del Destino Manifiesto, y, por tanto, un ejemplo más del expansionismo territorial de Estados Unidos.

Según tal enfoque, el proyecto final de Walker, tácitamente apoyado por el gobierno estadounidense, era convertir a todo el istmo en una república esclavista, la cual sería expandida al Caribe para incluir a Cuba. De este proyectado “imperio”, Walker sería el “dictador”.

¿Cuál es la fuente principal de esta versión? Hasta donde se conoce, una buena parte de ella procede del libro que el propio Walker publicó en Estados Unidos en 1860, La guerra de Nicaragua , con el fin de lograr apoyo del sur esclavista para financiar nuevas incursiones en suelo nicaragüense.

De esa forma, un texto que circuló cinco años después de su arribo a Nicaragua (1855), y que en buena medida fue escrito como una obra de propaganda, se convirtió en la base para explicar tanto esa llegada como las motivaciones y expectativas que Walker tenía en 1855 y a inicios de 1856.

¿Esclavitud? La tarea de cuestionar la versión extrema debe partir de una precisión básica: Walker no invadió Nicaragua. Él llegó a ese país, en junio de 1855, porque fue contratado por los liberales de León, desde 1854 en guerra civil con los conservadores de Granada, para que los ayudase a derrotar a sus adversarios.

Gracias a las concesiones prometidas por los liberales nicaragüenses, así como a su habilidad política, Walker logró convertirse, en cuestión de meses, en jefe del ejército de Nicaragua (octubre de 1855) y quedó en una posición privilegiada para ofrecer condiciones atractivas a aquellos individuos que desearan enrolarse en sus fuerzas.

Desde esa perspectiva, es claro que la doctrina Monroe y el Destino Manifiesto fueron el contexto en que se dio la llegada de Walker a Nicaragua, y facilitaron que la propaganda a su favor encontrase un terreno abonado en ciertas áreas de los Estados Unidos; pero ni la doctrina Monroe ni el Destino Manifiesto explican la llegada de Walker al istmo.

En segundo lugar, gracias al estudio realizado por Robert E. May, hoy es evidente que, si bien hubo políticos estadounidenses que se identificaron con el proyecto de Walker, el gobierno federal verdaderamente procuró frenar las actividades de los filibusteros y, pese a sus limitados recursos, complicó bastante los planes de Walker.

También destaca May el hecho de que, en su fase inicial, Walker (quien había formado parte de un grupo político antiesclavista en California), no manifestó interés alguno por introducir la esclavitud en Nicaragua.

Tal paso lo dio sólo en septiembre de 1856, cuando, presionado por una oposición militar creciente, decretó la introducción de la esclavitud en un esfuerzo por lograr un estratégico apoyo de los estados sureños.

Sin embargo, este decreto, que convirtió a Walker a posteriori en campeón de la causa esclavista en Estados Unidos, vino demasiado tarde ya que en cuestión de meses se encontraría en una situación insostenible, que lo llevaría a capitular en mayo de 1857.

Río San Juan. A lo anterior se debe añadir, en tercer lugar, que el proyecto fundamental de Walker entre 1855 y 1856 parece haber sido consolidar el dominio sobre el sur de Nicaragua, que era el asiento de la llamada Vía del Tránsito, cuyo control era esencial no sólo por razones financieras, sino estratégicas (llegada de suministros y reclutas).

Cabe recordar, además, que esa ruta era considerada en la época como viable para construir un canal interoceánico. De hecho, hasta inicios de 1856, Walker procuró no despertar hostilidad en el resto de Centroamérica, lo cual logró con algún éxito ya que, pese a los esfuerzos de Costa Rica por involucrar a Guatemala, El Salvador y Honduras en la primera fase de la lucha contra los filibusteros (marzo y abril de 1856), los gobiernos de tales países no consideraron que Walker fuera una amenaza inminente.

Muy diferente fue la posición costarricense, pero, para comprenderla de manera correcta, se debe partir de lo siguiente. Como parte de la versión extrema, se ha indicado que, una vez en control de Nicaragua, Walker se proponía invadir a Costa Rica y penetrar hasta el Valle Central. Tal punto de vista parece inverosímil pues Walker no parece haber contado en ese momento con las fuerzas suficientes para emprender una iniciativa de tal índole.

Además, un paso en esa dirección habría complicado no sólo su posición dentro de Estados Unidos, sino que, ahora sí, habría puesto a Guatemala, El Salvador y Honduras decididamente en su contra.

Con base en la información conocida, lo que se puede asegurar es que, muy probablemente, el objetivo inmediato de Walker, a inicios de 1856, era llegar a un acuerdo con el gobierno costarricense, con el fin de dar seguridades de que Costa Rica no se vería afectada por lo que ocurría en Nicaragua, y con el propósito de disminuir la hostilidad hacia la presencia de los filibusteros en territorio nicaragüense. Esta se intensificó tras ser ascendido Walker a comandante en jefe del ejército de Nicaragua.

Línea dura. ¿Por qué, entonces, el presidente Juan Rafael Mora asumió una posición de línea dura contra Walker, pese a las reservas, cuando no la oposición, de algunos miembros del gabinete y de otros sectores influyentes en la Costa Rica de 1855-1856?

Las dos razones principales que explicarían esa posición serían: primero, que el proyecto de Walker suponía, a la larga, una amenaza directa para la integridad territorial de Costa Rica, en particular si la iniciativa del canal empezaba a concretarse.

En tal caso, para Walker sería fundamental ejercer control no sólo del sur de Nicaragua, sino también del norte costarricense. Para esto, el jefe filibustero podía apelar a los reclamos territoriales formulados por Nicaragua contra Costa Rica desde la anexión del Partido de Nicoya en 1824.

En segundo lugar, el éxito de Walker y la consolidación de su posición en Nicaragua, podía estimular nuevas expediciones contra otros países de Centroamérica. Por tanto, antes de que Walker pudiera fortalecerse más militarmente, el presidente Mora optó por iniciar la guerra.

Así pues, la principal debilidad de la versión extrema es suponer que lo que Walker escribió en 1860 coincide con lo que eran sus expectativas y motivaciones desde que llegó a Nicaragua en 1855, sin considerar que aquellas cambiaron a medida que variaba la situación política y militar.

Pensar históricamente la experiencia de Walker en Centroamérica debería partir, por tanto, de considerar la especificidad de cada uno de sus momentos.

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