Reseña del libro del colega Juan José Marín: La tierra del pecado, entre la quimera y el anhelo: Historia de la prostitución en Costa Rica, 1750-2005. San José, Editorial Alma Mater, 2006.

Más allá de la piel

María Eugenia Fonseca Calvo

Crisol – Semanario Universidad –UCR- 24 de mayo de 2007

A pesar de los esfuerzos realizados en el ámbito nacional e internacional por entender el fenómeno de la prostitución, tanto femenina como masculina, la mayoría de las interpretaciones han tendido a simplificar sus causas.
Se le ha asociado con características genéticas y patológicas de sus oficiantes y no con las injusticias sociales, la explotación o a la desigualdad social que obliga a muchas mujeres, niñas, niños y hombres a ejercerla como única vía para sobrevivir.Así se desprende del libro:  “La tierra del pecado, entre la quimera y el anhelo: Historia de la prostitución en Costa Rica, 1750-2005”, publicado recientemente por el Dr. Juan José Marín Hernández, profesor de la Escuela de Historia e investigador del Centro de Investigaciones Históricas de América Central (CIHAC), de la Universidad de Costa Rica. En él su autor aborda la prostitución desde el período de la conquista y la colonia hasta los tiempos del neoliberalismo, con el fin de reflexionar acerca de los orígenes de este fenómeno en diferentes períodos de nuestra historia patria.
Su objetivo es sensibilizar a la sociedad costarricense sobre la responsabilidad de crear un tipo de prostitución, el cual lejos de ser un mal congénito e inmemorial de la humanidad, es producido y fomentado por la misma sociedad.
Además, busca establecer un factor más para la interpretación de los diversos fenómenos sociales como la prostitución, y visibilizar el papel de la clientela como un elemento clave que permite conocer los cambios que ha experimentado.
En este sentido, el Dr. Marín señala que en el ámbito académico mundial a través del tiempo, las prostitutas han propiciado cientos de artículos y libros, en los cuales se ofrecen conceptos sustentados en estereotipos y prejuicios, como el hecho de que las personas dedicadas a este oficio serían seres anormales o desviados que transgreden el orden perfecto y armonioso de la sociedad.
Otro criterio empleado para referirse a la prostitución, es que las prostitutas entran al mundo meretricio por la ausencia y descomposición de las normas y los valores que impone la sociedad.Esta posición fue debatida recientemente en nuestro país a raíz de un proyecto prohibicionista de la prostitución, presentado en la Asamblea Legislativa por el ex diputado Belisario Solano, así como la propuesta del también exdiputado Juan José Vargas, que pretendía multar hasta con ¢5.5 millones a las personas que ofrecieran o compraran sexo en la calle.Según el Dr. Marín, ambos proyectos reflejan la tendencia a penar la prostitución y simplificar las posibles causas que contribuyen a su fomento, como la creación de expectativas de vida lejanas a la mayoría de la población, la imposición de roles sexuales, la creación de identidades de género y la explotación. 

LO PROPIO Y LO AJENO

Las comunidades precolombinas establecidas en nuestro territorio tuvieron diversas prácticas sexuales e ideas de matrimonio. Mientras que para los chorotegas la joven con más amantes gozaba de mayor prestigio, para los nicaraos la virginidad de la novia revestía una gran importancia.
No obstante, la conquista española produjo grandes cambios en la vida de estos pueblos y la sujeción violenta de las costumbres matrimoniales y sexuales.
El Dr. Marín apunta que durante la colonia se dieron los primeros indicios de una prostitución comercializada, en sitios como las ventas de abastos y licores, aunque en teoría dicha práctica era prohibida tanto en España como en Costa Rica.
También se comenzaron a generar nuevas expectativas sociales para muchos grupos, entre ellos las mujeres de los sectores empobrecidos que no tenían acceso a los lujos de la época, lo cual incentivó la prostitución, porque existía una clientela deseosa de aprovechar su riqueza comprando a las bellas mancebas o teniendo concubinas.
Sin embargo, predominó una visión de la prostitución asociada a los preceptos religiosos; de allí que las mujeres que no se sometían al poder paternal, las que se casaban con castas inferiores o las que tenían acceso carnal no santificado, eran consideradas de mala vida o pecadoras, siendo equiparadas con prostitutas.
Tenían el mismo problema las mujeres abandonadas por el esposo, las concubinas, las mancebas, las mujeres solas y las viudas jóvenes, que eran propensas a ser consideradas de mal vivir. Después de la Independencia se dio un aumento de la prostitución femenina, lo cual motivó la aprobación de nuevas leyes que procuraban autorizar el ejercicio de la ramería, pero sin mayor éxito. Además, se procuró demarcar quiénes eran las mujeres honestas y quiénes las que se dedicaban al comercio de su cuerpo, y delimitar sus espacios públicos y privados para consagrarlas al hogar. Asimismo, se comenzaron a elaborar listas de prostitutas, crear registros sanitarios y preparar expedientes policiales, municipales y de salud para inspeccionar, controlar y penar la actividad meretricia, lo que en la práctica pocas veces se cumplió.En esta época también empezaron a surgir los primeros burdeles y lupanares regidos por chinos, italianos, jamaiquinos y costarricenses, como salones de baile, hosterías, sodas, bares y hoteles.Con el fin de detener la prostitución a fines del siglo XIX, los legisladores costarricenses elaboraron un proyecto para tolerar y reglamentar la prostitución femenina, el cual fue reforzado con las ideas expresadas por médicos, clérigos, higienistas y abogados, quienes culpabilizaron de ello a la literatura, al teatro, al cine y a la música, considerado como elementos de perversión. 

OTROS ACTORES Y ACTRICES

Según el Dr. Marín, la mayoría de las prostitutas provenían del mundo urbano y en especial de las capitales de provincia, y se iniciaban en el oficio, por lo general a los 15 años y terminaban a los 30 ó 35. También hubo algunas procedentes de Italia, Inglaterra, Estados Unidos y Francia, aunque la mayoría de las extranjeras registradas eran de origen antillano, especialmente jamaiquinas. En cuanto a la prostitución masculina, el historiador señala que si bien en esta época estuvo caracterizada por la invisibilidad, se puede inferir que estaba muy extendido en San José, Alajuela y en los puertos. Popularmente era asumida como un fenómeno exclusivo de la clase dominante, que disfrutaba de todo tipo de excentricidades.Este fenómeno poco a poco se fue transformando, al tenor de los cambios sociales, económicos y políticos experimentados por el país en las últimas décadas.
En la actualidad, la prostitución femenina, masculina, infantil y de alterne es promovida por diferentes medios, como las guías eróticas, las páginas web, las revistas, y los anuncios comerciales de los diarios nacionales.
El ejercicio de este oficio se mueve entre la clandestinidad y la tolerancia, por lo que cualquier investigación que se haga debe adentrarse en este complejo mundo para reconocerlo, aunque sea parcialmente.
De allí que para el Dr. Marín el primer paso para discutir el problema de la prostitución actual implicará cuestionarnos nuestro modelo de desarrollo, nuestra percepción de género y nuestra cultura paternalista.

 

 

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