Entrevista al maestro y amigo Edelberto Torres Rivas en Revista D, de Prensa Libre, 17.06.2007

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Edelberto Torres-Rivas

La política es como
la tentación de la carne

Este académico, que ha sido consultor de Flacso, Cepal y el PNUD, asegura que el que estudia una sociedad como la de Guatemala y reacciona, se vuelve profundamente crítico.

 Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián

Durante más de tres décadas, Edelberto Torres-Rivas (1932) se ha dedicado a la investigación social en Chile, México, España, Costa Rica y, desde 1996, en el país. Durante este tiempo ha publicado algunos ensayos y más de 15 libros, de los cuales la Interpretación del Desarrollo Social Centroamericano (1971), su primer libro, es el que considera el más importante. Por esta publicación va a recibir un reconocimiento (37 años después de haber sido editada), durante el Congreso de la Latin American Studies Association (LASA), el 7 de septiembre, en Vancouver, Canada. Ese libro ha sido editado en 35 oportunidades.Sus primeras investigaciones las efectuó en Chile y estuvieron relacionadas con el tema de la juventud, luego se dedicó a hacer estudios relacionados con el asunto rural, campesino y agrario. Durante los últimos años su trabajo ha hecho énfasis en problemas de ciencia política, como elecciones, partidos y crisis política, violencia, democracia y Estado. En la actualidad, es consultor del Programa de las Naciones Unidas (PNUD) y director del Programa Centroamericano de Posgrado, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). 

¿Cómo se inició en el campo de la investigación social?  Desde joven tuve sensibilidad por los asuntos sociales, al punto de que cuando me iba a graduar de abogado en la Universidad de San Carlos (Usac), la tesis que hice no fue sobre un asunto jurídico, sino sobre las clases sociales en Guatemala. Al principio hubo resistencia pero finalmente lo aceptaron y salió bien considerado. Eso da una idea de que yo ya tenía interés en las Ciencias Sociales. Después me fui a Chile (1964) a estudiar una maestría en Ciencias Sociales y luego a Inglaterra (1970) a obtener el doctorado en Ciencias Sociales para el Desarrollo. 

¿En dónde principió a poner en práctica esta vocación?  Me gradué en la Flacso de Chile en 1966, donde tuve como profesor a Fernando Cardozo, que luego fue presidente de Brasil, quien me llevó a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) como su colaborador. Ahí tuve la suerte de estar rodeado de una élite de intelectuales latinoamericanos que vivía en Chile y aproveché para reflexionar y estudiar Centroamérica. A raíz de esto escribí mi primer libro que se llamó Interpretación del Desarrollo Social Centroamericano. 

Esa sensibilidad social ¿le produjo problemas durante el conflicto armado?  Yo me fui a estudiar a Chile (1964) y volví a Guatemala hasta 1996 cuando se firmó la Paz o sea que estuve viviendo más de 30 años en varios países, donde trabajé como sociólogo, daba clases, investigaba y escribía. De modo que el conflicto armado no lo viví, pero sí lo seguí muy de cerca, porque me dolía cuando amigos míos eran detenidos, desaparecidos y muertos. Una buena parte de mi generación murió por el conflicto, de modo que lo vi de lejos, pero estaba muy cerca desde el punto de vista anímico y político.

Esa estadía en el extranjero,¿estuvo condicionada al conflicto o fue algo circunstancial?  Yo diría que las dos cosas, porque pude haber venido a quedarme un tiempo; pero estaría muerto, sin ninguna duda. Hubo una época en que aquí en Guatemala el que andaba con libros era sospechoso; la muerte de Luis de Lión fue por eso. 

¿Alguna vez ha sentido la tentación de la política?  A mí me gusta la política, pero como objeto de estudio, como preocupación, como actividad humana y como una posibilidad de acercarse al poder e influir. Yo nunca he estado en un partido político, aunque he tenido amigos políticos, y nunca voy a estar, porque ya me queda poco tiempo de vida. No me desagrada la política ni los partidos; hoy se habla mal de éstos y de los políticos, lo cual no es justo, porque la gente que se expresa así termina en uno o siendo político. Los partidos son importantes para la vida democrática; sin ellos no hay democracia, así como tampoco sin ciudadanos. 

¿Lo han invitado a participar en alguna de estas organizaciones?  Muchísimas veces, de manera que la tentación es permanente. Es como la tentación de la carme, pero me resisto. 

¿Qué lo hace resistirse?  Pienso que puedo ser más útil analizando la política y no haciéndola, pensando en ella y no viviéndola, esa distancia es la que me permite ser un poco más objetivo, más prudente. 

Si tuviera el poder, ¿qué cambios haría en Guatemala?  Llamaría a una gran alianza no sólo de partidos políticos, sino también de organizaciones sociales y la academia (sociedad científica, literaria o artística) para llevar a cabo un programa mínimo de trabajo y empezar vigorosos programas en educación y salud y una profunda reforma tributaria, para tener un Estado solvente. Tiene que ser un programa a largo plazo; cuatro años de gobierno no sirven ni para agarrar el ritmo, se necesita un tiempo mayor para cambiar al país. Pero cada cuatro años se desgasta un gobierno, un año para agarrar la onda y cuando falta uno se inicia la campaña electoral, es absurdo. 

Después de investigar la realidad social del país, ¿qué es lo que más le ha llamado la atención?  Este es un país obstinado, cuya historia siempre se va por el atajo, nunca por el camino ancho, amplio y visible y eso significa una historia dolorosa de tropiezos con ascensos y descensos. No todo ha sido malo, hemos tenido momentos de progreso y bienestar y otros en que esto no ocurre. 

¿Cómo es el guatemalteco?  Creo que lo malo es la desesperanza de la gente; nosotros estamos haciendo algunas encuestas y cuando se le pregunta a las personas, ¿cómo va a ser su vida dentro de cinco años? Responde que va a ser peor. Por qué no dicen que va a ser mejor, con esa desesperanza no se camina, lo más importante es que la gente empiece a recuperar su autoestima. En Sociología existe la profecía autocumplida que dice que el que piensa que algo malo le va a suceder le ocurre y en Guatemala se está cumpliendo. La desesperanza es una cuestión de actitud y dimensión personal, no de las autoridades. El ambiente condiciona, pero uno también reacciona. Que tal si todos dijéramos: Vamos a salir adelante, ¡hasta en el futbol ganaríamos!. 

¿Se arrepiente de haber regresado al país?  No, jamás; estoy muy contento. No me arrepiento de nada de lo que he hecho, no me lamento de haber estado afuera, porque si no me hubieran matado. 

¿Qué cosas hacen que diga eso?  Que me he sentido pleno y productivo dentro y fuera del país. Me he dado cuenta, modestamente, que soy útil y puedo producir y que, en consecuencia, me realicé en el exterior y aquí en el país. En el exterior tiene uno, a veces, más recompensas, porque nadie es profeta en su tierra. Aquí se lo comen a uno los de derecha, porque dicen que uno es de izquierda extrema y los de izquierda dicen que uno se vendió con la derecha. 

A propósito, ¿dónde se ubica?  En la izquierda. No es necesario ser de extrema izquierda para serlo, porque el que estudia una sociedad como la de Guatemala y ve todos los problemas que tiene, reacciona y se vuelve profundamente crítico; es un problema de vergüenza personal. Al conocer los problemas graves que hay aquí y saber cuáles son las soluciones uno tiene que estar de este lado, porque del otro sería estar de acuerdo con que esto ocurra y qué me importa. Lo que distingue a la izquierda y la derecha es que la primera quiere el cambio para que haya igualdad y la segunda que las cosas sigan igual para que haya libertad. Nosotros somos partidarios de la igualdad con cambio y ellos dicen: Eso ya vendrá, mientras, que cada quien haga lo que quiera, que el mercado dirija todo. Por eso estamos peor ahora. 

¿Qué le duele más del país?  La miseria… me duele, a veces tengo la sensación de tener una daga en el corazón. Cuando recién llegué a Guatemala hice un recorrido por distintos rumbos. Una tarde iba entre Cuatro Caminos (Totonicapán) y Huehuetenango, y encontré a unos niños muy pequeños, llovía y hacia frío, iban sin ropa, descalzos… me dio rabia… es que no hay derecho….confieso que me puse a llorar, ¿cómo va a haber niños descalzos en esta época del desarrollo nacional? Iban caminando en el lodo y con una mirada perdida. Desde entonces, tropiezo con situaciones similares. Vivo acongojado, lo peor es que en mi trabajo, las estadísticas, las lecturas, todo lo que hago me ratifica la profunda desigualdad de esta patria adolorida. 

Y ¿qué le satisface?  Desde el punto de vista intelectual tengo mucho optimismo, según los cálculos del editor Raúl Figueroa Sarti, en Guatemala se publica un libro y medio por día. El año pasado se editaron más de 400 entre poesía, ¿mala poesía?, novela, buena y pésima y Ciencia Social, muy pajosa. Hay un promedio de tres seminarios semanales para entrega de libros o discusiones académicas, eso no ocurría antes y está creciendo. También hay pintores, exposiciones buenas y malas, música jazz, popular y clásica. El teatro no logra ponerse de pie, sólo vodevil… qué hacer?. 

¿Cuál considera que ha sido su mayor aporte a Guatemala?  No me atrevo a decirlo; creo que esa pregunta la deben responder otras personas, yo no puedo valorar mi propio trabajo, porque me pondría pedante o con un ego que no me cabría. Esa pregunta que la respondan otros y que digan: ¿qué ha dejado Torres-Rivas o no ha dejado nada… ha servido o no ha servido?. Después de 30 años, a qué vino o, a lo mejor, producía más en el extranjero. Yo viví en Argentina y Chile y cuando estuve en estos países tuve más eco. Lo que escribo aquí no sé si la gente lo lee. Alguien dijo que el que escribe en Guatemala muere inédito, yo no sé.

Así ve la investigación

 > Avances: Donde más investigación ha habido es en historia, porque algunos guatemaltecos han hecho valiosas contribuciones. Sin embargo, como sucede en otras partes, la historia nacional la hacen los europeos y los estadounidenses, quienes han hecho trabajos importantes que sólo se publican en inglés y muchas veces ni vienen acá. Creo que por el lado de la Antropología también hay avances importantes. 

>Carencias: Creo que no hemos estudiado lo suficiente el problema étnico, hay mucho bla, bla, bla, que multiétnico, que multilingüe, que no sé qué, pero este problema hace falta conocerlo mejor; la estructura de la dominación étnica, las relaciones interétnicas. El tema de género no ha sido estudiado a profundidad. Falta mayor conocimiento del problema ecológico y tener un mejor diagnóstico de la riqueza vegetal, mineral, fauna y la flora. En Guatemala no hay catálogos y libros suficientes, nos hace falta mucho de eso. Creo que no está bien estudiado el período Precolombino maya, el cual yo llamo el pasado maya auténtico, recién ahora empiezan a sacarse conclusiones.

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