Acertada crítica de Raúl de la Horra al libro del Prof. Sabino

La historia como coartada

Carlos Sabino y su libro “La Historia silenciada”

 

Raúl de la Horra

 

El Periódico, 5 de junio de 2008

 

 

Me permito comentar algunas de las afirmaciones que hizo el escritor Carlos Sabino en ‘elPeriódico’ del 3 de junio sobre su libro y la Historia de Guatemala.

 

En primer lugar, no hay que olvidar que también Franco y los nacionalistas españoles, en 1936, le pidieron ayuda a Hitler para deshacerse de un Gobierno legítimamente constituido, así como en otras partes del mundo los sectores ultraconservadores nunca han vacilado en echar mano de ayudas extranjeras para extirpar y rehacer, de acuerdo a sus intereses, las reglas de la “democracia” que dicen defender.

 

¡Por supuesto que había guatemaltecos que se oponían a la voluntad popular y al Gobierno de Arbenz, legítimamente electo! ¡Por supuesto que el trogloditismo local siempre ha buscado apoyo –o se ha entregado– por un puñado de dólares y con el fin de salvaguardar sus privilegios, a la política de los gobiernos norteamericanos! Y por supuesto que siempre habrá quien trate de minimizar y de hacer abstracción del sufrimiento y de la sangre vertidas que la historia de injusticias diversas produjo en este país.

 

La empresa ideológica es simple: eximir responsabilidades y justificar lo injustificable, como se justificó Eichmann en Israel o como lo hubiera hecho Pol Pot en Camboya. Es así como el señor Sabino parece estar convencido de que los guerrilleros guatemaltecos eran tan criminales como los militares que los combatían, y supongo que con esa misma lógica él afirmaría también sin rubor que los movimientos de liberación (sobre todo en África, en los años sesenta) eran tanto o más culpables que las potencias colonizadoras que crearon las condiciones del desastre.

 

Considero abominable que se intente exculpar a quienes tienen la máxima responsabilidad histórica por los hechos de violencia que vivió el país durante 30 años. Poner a la guerrilla y al Ejército en el mismo plano es no sólo un error lógico, sino un error histórico y moral (sí, ya sé, la historia no tiene “moral”; pero sí la tienen los que la hacen). Quien no ha entendido que acá el empeño guerrillero, con todo y sus errores y su estúpida visión mesiánica fue la respuesta histórica (de ninguna manera inventada por nosotros, pues estos conflictos se dan desde que el mundo existe) a una situación de oprobio y de injusticia estructural que aún persiste, mejor que se dedique a escribir libros de ciencia ficción, pero que no venga a contarnos cuentos.

 

Pero tal parece que es así como va reescribiéndose la historia en los corredores de algunas “universidades” guatemaltecas: afirmando que todo se vale, que todo es equivalente, con el fin de que los asesinos de la esperanza y de la justicia tengan una coartada.  Lo cierto es que detrás de todos esos propósitos aparentemente “asépticos” y “científicos” se esconde la mariconería intelectual más ignominiosa del siglo (y por “mariconería” no me refiero a su significado sexual–machista, sino al manierismo y a la impostura de cualquier pensamiento que trate de “seducir” a un público incauto y busque congratularse con los poderes dominantes). ¡Cómo se ve que el conocimiento en ciertas universidades no constituye un instrumento de reflexión y de cambio, sino una especie de ramera al servicio de una visión del mundo que pretende defender la libertad de los zorros dentro del gallinero!

Que dios nos libre de tales historiadores, porque si adoptamos su lógica, habrá que concluir (la comparación sirve sólo para subrayar lo absurdo del razonamiento) que las mujeres violadas son, justamente, las responsables de lo que les pasa, pues llevan escotes y atuendos que no hacen sino provocar al macho.

 

Es interesante ver cómo la ilegitimidad histórica pretende acicalarse y lavar las conciencias. También lo han intentado los militares en Chile y en Argentina. Pero la historia (nosotros, los que la hacemos) no ha dicho ni dirá aún su última palabra.

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