Reacciones a una “Historia por encargo”: escribir la Historia como tarea de dignidad y de futuro

Las batallas por la historia:
Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) de Carlos Sabino
Por Mariano González. – Guatemala, 14 de mayo de 2008

 ¿Quiénes eran?, ¿cómo eran?, ¿qué pensaban? También será necesario hablar de ese lado tan humano que tanto amamos de ellos, los desaparecidos. De esa parte que tanto nos hizo creer en la humanidad y sus cambios.
Nineth Montenegro.

Lo histórico, el pasado, no interesa como reconstrucción (del pasado), sino como construcción (del presente). El acento está puesto en el presente. La atención al pasado no está dirigida por un interés arqueológico sino para incidir en el presente. Por eso es político.
Reyes Mate

Introducción

Colocado en un anaquel, un libro de historia parece inofensivo. Es apenas un conjunto de páginas llenas de caracteres que hablan de sucesos que, permítase la obviedad, ya no son actuales. Sin embargo, las apariencias engañan. Llega el momento que alguien se acerca al libro, lo abre y lo empieza a leer. El que hasta ese entonces se consideraba como un objeto inofensivo se va revelando como una forma de interpretar, conservadora o críticamente, el presente. Sí, el presente. Puesto que el pasado, que no está clausurado, se lee desde las preocupaciones del presente, desde las interrogantes, frustraciones y esperanzas que hoy se tienen.

La forma en que se comprende el pasado es fundamental para comprender el presente. El pasado interpela al presente, lo sostiene o lo subvierte. Además, el mismo sujeto que lee encuentra en el pasado una forma de comprenderse a sí mismo. Si este sujeto es un sujeto colectivo, puede encontrarse como heredero del botín de los vencedores o como deudor de las luchas de sus abuelos vencidos. Quien se encuentra en el poder, descubre la herencia de las grandes gestas y de todo aquello que ha llevado a que al día de hoy, se encuentre disfrutando tal posición como usufructuario directo y cómplice de los vencedores de ayer. Los sujetos resistentes encuentran una larga cadena de injusticias a las que debe dársele respuesta también en las injusticias del presente. Como se advierte, el encuentro con el pasado no es neutral, ni en términos epistemológicos ni en términos éticos.

Por esto, la historia no se reduce a una relación objetiva y equilibrada del pasado. Otorga legitimidad o sirve como cuestionamiento al orden existente. El uso histórico no es neutro y no es imparcial, aunque se pueda dar el caso que ingenua o maliciosamente, quien escribe o lee el pasado, se vea sí mismo como equilibrado y capaz de no juzgar sobre ese pasado. Un caso concreto así lo demuestra.

El largo conflicto armado interno de Guatemala llega a su fin en el año 1996 con la firma de los Acuerdos de Paz entre el gobierno y la guerrilla. Pero esto no quiere decir que las contradicciones que polarizaran a la sociedad guatemalteca hayan terminado o que las heridas del pasado hayan cicatrizado. De hecho, aunque se han registrado ciertos avances, Guatemala permanece como una sociedad violenta y excluyente, debido en buena medida, a la herencia del pasado.

La explicación del presente se debe considerar a la luz de la historia. Por lo tanto, no es de extrañar que exista una lucha en torno a la interpretación de la historia reciente de Guatemala. Como lo plantea Félix Vásquez, a través de la memoria se dirimen asuntos de hondo calado social, entre ellos, por supuesto, la autocomprensión y la valoración que la sociedad hace de su pasado y su presente. La historia reciente de Guatemala está sujeta a una dura batalla interpretativa que conlleva importantes consecuencias actuales. El más inmediato de los participantes en esta batalla apunta a una interpretación profundamente conservadora de la historia de Guatemala.

Guatemala, la historia silenciada de Carlos Sabino inicia afirmando que frente a visiones históricas muy sesgadas, se propone ofrecer una visión equilibrada de la historia de las últimas décadas del país. El autor se permite colocarse en una posición de “equilibrio” y como tal, en capacidad de no juzgar. Una declaración bastante ingenua y/o desorientadora. Es probable que al autor no le parezca que está haciendo continuamente juicios de valor, pero el texto está lleno de ellos (aunque no necesariamente estén claramente identificados como tales). Esto se advierte en el uso de diversos mecanismos textuales que utiliza para valorar a los actores que encarnan sus simpatías y sus antipatías (se darán algunos ejemplos más adelante) y más profundamente, por la perspectiva de la que parte. Hay varios ejemplos en todo el texto de este tratamiento tendencioso que se considera, a sí mismo, como equilibrado[1].

La interpretación de la historia que realiza Sabino propone un sesgo muy particular. Su texto es la narración histórica desde la perspectiva del liberalismo político y económico[2], lo que lo lleva a realizar una interpretación y valoración de los hechos que narra que no es equilibrada y más bien, favorece la interpretación de ciertos grupos que resultaron vencedores. Las siguientes líneas se proponen fundamentar esta afirmación.

Desde el título Guatemala, la historia silenciada, la propuesta de Sabino resulta ser inexacta. Como se observa en la bibliografía que presenta el autor, existe bastante documentación que refleja las diversas posiciones políticas que han existido en permanente pugna por interpretar la historia de Guatemala. La misma documentación periodística que Sabino va encontrando parece plantear el hecho de que los puntos de vista que intenta transmitir en su texto no han estado silenciados. Lo que verdaderamente logra, es dar una respuesta sistemática desde la visión liberal por la lucha por la historia y la memoria guatemaltecas. Es una perspectiva situada, que utiliza una clave liberal para interpretar los acontecimientos.

Esta versión histórica participa en la batalla por la historia y la memoria recientes del país. Esta batalla, sin embargo, había asumido contornos más limitados a través de disputas en torno a ciertos eventos o períodos particulares. Un ejemplo de ello es lo que se dio en llamar el debate “Stoll-Menchú”[3]. Guatemala, la historia silenciada viene a ser una interpretación conservadora de una amplitud mucho más grande y en una forma más sistemática, del debate por el autoendimiento y la autorreflexión de la sociedad guatemalteca[4].

Esta versión particular es el relato e interpretación de la historia política guatemalteca en el período 1944-1989, desde un punto de vista liberal, contrario a los puntos de vista que la izquierda (entendida en forma amplia) ha hecho de este mismo período y que de acuerdo a Sabino han servido para crear una especie de “historia oficial” del período. Historia equivocada, sesgada y basada en muchos mitos que son eso: mitos erróneos, que surgen de intereses e interpretaciones históricas sesgadas por el materialismo histórico y por el historicismo. Por lo tanto, hay que hacer una lectura crítica de la versión histórica que presenta Sabino. 

Los niveles de la crítica

Hay al menos tres aspectos sobre los cuales la crítica puede enfocarse al hacer la lectura del texto de Sabino. Por un lado se puede cuestionar la perspectiva histórica que anima una forma particular de comprender la historia. En los términos de Walter Benjamin es un tipo de historia historicista. Claro que hay que hacer una aclaración. El término historicismo tiene un significado particular que no es el que Poper utiliza en La sociedad abierta y sus enemigos o La miseria del historicismo. De hecho, en algún lugar del texto, Sabino habla de historicismo refiriéndose y criticando a la perspectiva marxista. Pero no hay que confundirse. El término historicismo que se le puede adjudicar al texto de Sabino proviene de una perspectiva teórica particular, marginal en la “ciencia histórica”. Para Benjamin el historicismo del cual sería representante Sabino le viene por el hecho de presentar la visión de los vencedores, de hacerse eco de la idea de un progreso continuo, pese a las víctimas que resultan de ese progreso. De allí su insistencia, por ejemplo, de valorar muy positivamente a los distintos gobiernos que llegaron al poder desde la Liberación[5] y recordar el crecimiento económico que se produce en estos gobiernos, pese a las víctimas que desde el ejercicio del poder estatal se producen. Aquí se hace uso de la idea del historicismo como la creencia en el tratamiento científico de la historia, lo cual no resulta posible, y desde el punto de vista ético, ni siquiera deseable, pues termina por legitimar la posición de los vencedores.

El segundo nivel de análisis es el de la perspectiva teórico-ideológica que anima su particular forma de interpretar y valorar los acontecimientos. Esta es esencial para comprender cómo articula, valora e interpreta los hechos en su narración. Contrario a la declaración de intenciones que el autor realiza y que se encuentran al principio de su historia, no logra dar una perspectiva objetiva y equilibrada de los acontecimientos: es la historia contada desde la perspectiva liberal o neoliberal. Esto quiere decir que mantiene un alegato consecuente en el ámbito económico favorable al libre mercado y a la no intervención de los Estados en la economía (pues suponen “distorsiones” al mercado), que se plantea contrario a la intervención económica realizada por los gobiernos guatemaltecos en concordancia con el CEPAL, o incluso, a los derechos humanos[6]. A nivel político es favorable a lo que se entiende como Estado de Derecho y que en su historia significa prácticamente apoyo a la derecha guatemalteca, incluyendo las descripciones no exentas de simpatía por los gobiernos de Ubico y la figura de Javier Arana, y los gobiernos herederos de la Liberación, siendo al mismo tiempo, contrario al comunismo (como el rival más importante a lo largo del texto), a los movimientos de izquierda, a los comunistas, a los gobiernos de la revolución de 1944 (gobiernos de Juan José Arévalo 1945-1950 y Jacobo Árbenz 1951-1954), etc.

Este es el movimiento interno que anima el libro y que explica la construcción narrativa, articulando todo el texto de Sabino.

Ahora bien, hay que hacer una observación. Que suceda esto no tiene nada de malo. Seguramente se necesita de diversas perspectivas históricas para generar un debate de fondo. El problema está en la declaración que se plantea (de una forma ingenua o interesadamente desorientadora) como una aproximación equilibrada y que no juzga, pues es claro que es fuertemente parcial y juzga la historia a partir de su clave liberal.

En el tercer nivel de análisis se encuentra el relato histórico propiamente dicho: el recuento de los hechos, la descripción del pasado. Pero en este nivel debe tomarse en cuenta que muy pocas veces las descripciones son descripciones objetivas, neutras o equilibradas. La forma particular de articular los hechos, los énfasis que se hacen, las omisiones que conciente o inconcientemente se realizan, la selección de las palabras que se utilizan no son únicamente detalles de estilo. Son la forma misma en que se produce el relato histórico. Por ello, como se procederá a examinar a continuación, no se puede decir que el texto de Sabino sea objetivo ni equilibrado. Sus simpatías y antipatías se muestran claramente al hacer análisis de la forma en que presenta los hechos así como los silencios que realiza en torno a los acontecimientos.

En el capítulo XVI titulado Cabracán, habla que el EGP sale a la luz “…matando en el Ixcán a un finquero bien conocido por su pasado anticomunista, José Luis Arenas Barrera” (Sabino, C. 2008: 150). Posteriormente da un semblante que se presta para empatizar con Arenas Barrera. Lo describe como un “hombre ya anciano”, que había sido fundador del Partido de Unificación Anticomunista y que era un “veterano de la lucha contra Árbenz que había sido arrestado y torturado en varias ocasiones por su gobierno y participado de un modo activo en la Liberación” (2008: 185). Tal y como él lo afirma, inconsistentemente, en su valoración/ interpretación de la masacre de Panzos[7], con los adjetivos que utiliza se va “añadiendo así una mayor carga emotiva a la descripción” (2008: 193). Con afirmaciones de esta naturaleza se puede cambiar el sentido de dicho evento y ocultar algunos aspectos que le daban sentido al mismo y a la historia guatemalteca. Esta es una estrategia textual que sucede dentro de todo el relato.
Hay que recordar que en el evento referido por Sabino, el EGP no elige a Arenas Barrera por su “pasado anticomunista”, descrito de tal forma que busca despertar simpatías (“un hombre anciano”, “veterano de la lucha”, “arrestado y torturado”) sino por el trato brutal que se le daba en su finca a los trabajadores. Este es el retrato que Sabino omite en su texto:

“En su finca La Perla, la cantidad de mozos que desquitaban deudas hereditarias formaba buena parte de la fuerza de trabajo. Solía dar adelantos sobre las pequeñas cosechas de café de los indios, y luego se cobraba en especie, a precios de horca y cuchillo. El nombre de este señor feudal estaba vinculado a toda suerte de despojos y arbitrariedades. En alguna de sus fincas utilizaba cepos para castigar a los indios rebeldes” (Payeras, M. 1998: 125-6).

Pero además de tener repercusiones políticas muy fuertes, dicho acto contó con la aprobación de los trabajadores de su finca, y siempre según Payeras: “Dos días de marimba en Ilom, la aldea vecina, fueron el mejor testimonio de la alegría popular por este acontecimiento” (Payeras, M. 1998: 131). Este es un aspecto que Sabino omite con olímpica indiferencia. La descripción sesgada que hace Sabino de esta situación le sirve simultáneamente para dos cosas: presentar la figura de Arenas Barrera de la forma más positiva para despertar simpatías hacia él, repudiando el acto de la guerrilla y más importante aún, le sirve para borrar la explotación que sufrían los campesinos pobres del país. Las condiciones en las que se encontraban los trabajadores en las fincas y en muchos trabajos no agrícolas, mostraban precisamente las condiciones concretas de explotación. Sabino tiende a diluir el conflicto hablando de indicadores macroeconómicos y de tendencias económicas favorables, abstrayéndose de las condiciones concretas de explotación que existían en el país. ¿Por qué tiene que hacer esto? Porque su perspectiva a favor del libre mercado no puede tolerar el trato de la explotación más cruda. Esto no le convendría para la articulación general del texto.

El tratamiento de este evento histórico sirve para diluir las condiciones concretas de vida de los campesinos de período y presentar una versión de la historia acorde a la visión liberal que el autor tiene. Es como si actualmente se evaluara las maquilas como oportunidades de trabajo y se abstuviera de comprender las condiciones concretas de trabajo donde trabajadores reales, forzados por la necesidad y no por una elección libre como gustarían pensar los neoliberales, padecen dicho trabajo.

Quisiera insistirse que a través de una compleja mezcla de mecanismos textuales y uso de fuentes, Sabino va construyendo una perspectiva histórica favorable a los grupos que usualmente han usufructuado el poder en Guatemala. Sabino se atreve a afirmar que la “intención del historiador no es juzgar sino comprender” (2008: 297), cuestión que obviamente no lleva a la práctica.

Como se ha visto, las valoraciones y los sesgos se producen al mismo tiempo que se relatan los acontecimientos. No es necesario hacer la descripción de un hecho y posteriormente valorarlo para que efectivamente, se produzcan determinados juicios. Los juicios se cuelan en la forma en que se articulan los acontecimientos, en la forma en que se van presentando los acontecimientos. La imagen que transmite de los distintos gobiernos militares está altamente sesgada a favor de ellos. Obsérvese la siguiente afirmación: “Lucas (refiriéndose al general Romeo Lucas García, presidente de Guatemala en el período 1978-1982, uno de los más represivos de la historia) nunca se percibió a sí mismo como un hombre de derecha recalcitrante, y lo mismo puede decirse de una buena parte de los oficiales de mayor graduación” (2008: 201). Una lectura muy apresurada podría pasar la forma en que está redactada esa afirmación. Pero leyendo con mayor detención, el uso del adjetivo “recalcitrante” es, cuando menos, problemático. En efecto, el adjetivo recalcitrante usualmente se utiliza al valorar la postura que puede tener otra persona. Es bastante improbable que una persona que conozca su significado pueda decir de sí misma que es recalcitrante. Así que es perfectamente comprensible que Lucas y su oficialidad no se haya percibido a sí mismos como parte de una derecha recalcitrante. De hecho, muy probablemente hayan justificado sus acciones en nombre de fines superiores como la lucha por la patria y el honor en contra de un comunismo ateo y éste sí, recalcitrante. El problema es que a través de una afirmación tal, que se produce entre otras afirmaciones similares, al final se crea una imagen realmente favorable del gobierno de Lucas García, que llega a incluir una comparación con el coronel Jacobo Arbenz a partir de su compartido nacionalismo y un similar programa de construcciones que ambos pretendieron llevar a cabo (siendo que los sentidos éticos y políticos son totalmente distintos en ambos gobiernos).

Otro ejemplo crudo de su parcialidad y falta de equilibro es cuando habla de la Universidad Francisco Marroquín (representante del pensamiento neoliberal en Guatemala) y a la que juzga, casualmente, como la de ser una “institución que ya llevaba más de diez años de exitoso funcionamiento”. (2008: 294). Posteriormente, al hablar de la candidatura de Gustavo Anzueto Vielman para elecciones de 1982 continúa afirmando: “…lo apoyaba un entusiasta grupo de jóvenes que intentaba llevar por caminos nuevos a una Guatemala ya desgastada por la violencia y por la acción de un estado que parecía por completo fuera de control” (2008: 294). Este apoyo entusiasta a la mencionada universidad y al entusiasta grupo de jóvenes se debe a que comparten el ideario neoliberal de Sabino. Es decir, no solo reparte y quita responsabilidades por lo sucedido directamente durante el conflicto, desde el presente apoya a un grupo que ha querido administrar al país como si fuera una empresa.

Sabino concluye con una valoración positiva de la historia reciente que corresponde a su visión neoliberal, minimizando el impacto del conflicto y de la explotación en la vida concreta de los sujetos:

“…a pesar del estruendo y la furia de las armas, a pesar de la sangre que se derramaba, en Guatemala se siguió trabajando y estudiando durante esos años aciagos, construyendo empresas, escuelas y universidades, abriendo caminos y mejorando fincas, levantado obras que generaban riqueza, cultura y bienestar…el progreso que se logró durante cuatro décadas que cubre nuestro estudio ha sido suficiente para modificar el rostro del país, para hacerlo diferente” (2008: 400)[8].

Figueroa Ibarra, por el contrario lanza esta dura condena como balance del mismo conflicto armado:

“Si la sociedad civil pudiese hacerle un juicio al Estado por lo sucedido en todo este tiempo, fácil es pensar cual sería el veredicto: culpable. Culpable de haber roto aún la propia legalidad la cual tenía que preservar aunque los ciudadanos que se le rebelaban la hubiesen infringido, culpable por tanto de haber actuado delincuencialmente, de haber conspirado criminalmente contra aquel sector de la ciudadanía que se le había rebelado” (Figueroa, C. 1999: 202)[9] .

El texto de Sabino viene a suponer un reto para la construcción de la historia de Guatemala. Ojalá sea una oportunidad para actualizar ese pasado lleno de injusticias y promesas insatisfechas, y así animar las luchas presentes.

Una observación final

El epígrafe de Nineth Montenegro que se seleccionó para iniciar representa en buena medida, todo aquello a lo que se opone la interpretación histórica que hace Carlos Sabino. En términos éticos y epistemológicos, el rescatar esas amadas figuras del pasado que enseñaron a creer en la humanidad, es un recordatorio de algo más profundo que debe guiar las luchas actuales. Frente a construcciones históricas que sirven de legitimación a los vencedores de ayer y a los vencedores de hoy (herederos de los primeros), el rostro hiriente de los vencidos y de las víctimas es una de las fuentes que pueden animar las luchas actuales. Es también un acto de cuidado y responsabilidad.

Notas

 [1] Debe recordarse que toda afirmación es también una proposición de quien la hace, lo cual deja huella en la forma en que se observan, interpretan y valoran los acontecimientos. Y lo que sucede en la historia escrita por Sabino es un continuo valorar y juzgar ese pasado.

[2] En realidad, no es la perspectiva del liberalismo clásico como el de Adam Smith, por ejemplo. Es la perspectiva que se sostiene a partir de figuras como Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, y que continuaría posteriormente Milton Friedman. Para decirlo llanamente, lo que se conoce como la perspectiva neoliberal.

[3] Una discusión seria sobre esta polémica se puede ver en el libro que coordina Mario Roberto Morales, referido en la bibliografía.

[4] Lo cierto es que es una interpretación sistemática y de más largo alcance que lo que David Stoll, Héctor Gramajo o Mario Mérida (por hablar de algunos autores contemporáneos y con niveles muy distintos) proponen para el debate histórico. Por ello es que no hay que desechar tan fácilmente la historia que elabora Sabino. Con todo el respeto hacia Margarita Carrera (“Historia Silenciada” en Prensa Libre 08/05/2008 ) o Marcela Gereda (“La negación de la historia” en elPeriódico 12/05/2008 ), creo que sus críticas se quedan en la indignación que produce el texto y no se plantean la necesidad de una crítica más a fondo.

[5] Es decir, del movimiento que dirigido por el militar Carlos Castillo Armas, con apoyo de la CIA, derrocó al gobierno legítimo del coronel Jacobo Arbenz Guzmán en 1954.

[6] Sabino entrecomilla la expresión “derechos humanos” por su “dudosa rigurosidad semántica”, así como también recuerda que al término se le da “una amplitud muy variable según los casos”. De ser así, tendría que entrecomillar buena parte de los términos políticos que utiliza, lo que obviamente no hace. En el fondo, creo que su animadversión se debe a que los derechos humanos suponen distorsiones al funcionamiento “espontáneo” del mercado y se han identificado como causa de la izquierda. 

[7] Ocurrida el 29 de mayo de 1978 durante el gobierno del general Kjell Laugerud García, cuando soldados disparan y matan a varios campesinos.

[8] En esta conclusión remite el conflicto a un ámbito político bastante estrecho. De los conflictos económicos básicos, de la explotación existente no dice ninguna palabra. Ese fijarse en el “progreso” sin fijarse en los costos que ese mismo progreso produce es a lo que la perspectiva de Walter Benjamin se opone de lleno.

[9] El libro de Figueroa Ibarra trata sobre las desapariciones forzadas en Guatemala. Se titula Los que siempre estarán en ninguna parte y no es analizado por Sabino. Esto es importante recalcarlo porque es otro tema donde se demuestra la parcialidad y superficialidad de Guatemala, la historia silenciada. Por ejemplo, allí se dedican 2 páginas al llamado “secuestro de los 28” ocurrido en 1966 y lo califica como “fortuito” por “no responder a un “plan determinado” (Sabino, C. 2008: 63). El tratamiento que le da Figueroa Ibarra al mismo evento es mucho más amplio. Mantiene que a partir del llamado “secuestro de los 28” se produce un cambio en la actividad represiva del Estado, que entra de lleno en una dinámica al margen de la legalidad que supuestamente debería defender. Igualmente reveladores son el secuestro y el asesinato de mujeres como Iris Yon Cerna (1966), Nora Paiz (1967, quemada después de la tortura) y Rogelia Cruz (1968, violada y asesinada: ver Figueroa Ibarra 1999: 75-77). La desaparición forzada implica una serie de procedimientos y de apoyos que necesitan de la participación del Estado. No es algo sencillo. “En muchas ocasiones el secuestro era una operación de inteligencia altamente sofisticada. La realizaban comandos especializados actuando en tres grupos (detección, secuestro y contención) que buscaban ser lo menos notorios posible” (Figueroa, 1999: 152). La visión de que al Estado, la violencia de los grupos extremistas se le salió de las manos y no tuvo mayor responsabilidad en ello es insostenible. “No fuimos nosotros, son las propias extremas las que se están matando entre sí”, solía decir el discurso de los funcionarios de las dictaduras militares y gobiernos civiles, que hicieron uso del terror estatal” (Figueroa, C. 1999: 212). Por tanto, decir que el secuestro y asesinato de los 28 fue “fortuito” y que no respondía a un “plan determinado”, es también insostenible.

 

BIBLIOGRAFÍA

Figueroa, C. (1999) Los que siempre estarán en ninguna parte. La desaparición forzada en Guatemala. GAM-BUAP-CIIDH, Guatemala.

Mate, R. (2006) Medianoche en la historia. Comentarios a las Tesis de filosofía de la historia de W. Benjamin. Trotta, Madrid.

Morales, M, coord. (2001) Stoll-Menchú: La invención de la memoria. Consucultura, Guatemala.

Payeras, M. (1998 ) Los días en la selva. Editorial Piedra Santa, Guatemala.

REMHI (1998 ) Guatemala Nunca Más. Tomo III. ODHAG, Guatemala.

Sabino, C. (2007) Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I. Revolución y liberación. FCE, Guatemala.

Sabino, C. (2008 ) Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo II. El dominó que no cayó. FCE, Guatemala.

www.albedrio.org

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