Reacciones a una “Historia por encargo”: contadores y negadores

La negación de la historia

Marcela Gereda

El Periódico, 12 de mayo de 2008

“El que controla el pasado controla el futuro; y el que controla el presente controla el pasado”. George Orwell

Los contadores y negadores de la historia, los fabricantes de mentiras, los legitimadores del poder, los traficantes de falacias. Los que machucan la memoria del país. Los que elaboran su mundo de manera ajena y distante a los hechos. Los encantadores de serpientes. Los iguales entre ellos. Los que hablan a una sola voz inventan y niegan la historia y el accionar humano.

Los guatemaltecos tenemos un serio problema psíquico ético: negamos la historia, huimos de ella: “no hubo guerra, todo fue una invención”. “El Remhi es un invento de los guerrilleros”. Insultamos a manos que trabajan por la justicia llamándoles “Pésimo chapín y mal hombre de Dios”. ¡Basura!

Columnas de opinión, programas de radio y libros mandados a hacer a control remoto por el poder económico, que son de una pobreza moral e intelectual sobrecogedoras. Debiera darnos en qué pensar el lenguaje que el poder legitima y reproduce a través de los medios de comunicación.

Debiera darnos en qué pensar cómo la derecha instrumentaliza a intelectuales extranjeros para escribir la versión neoliberal del conflicto armado.

Decir que durante el conflicto armado solo hubo 37 mil muertos. Negar lo ocurrido responde una manera dominante de ver el mundo. Los símbolos y códigos por los que optamos para ordenar y dar estructura a “la realidad” (que no es una como repiten los neoliberales, sino es múltiple) legitiman formas específicas en las que y por las que la gente vive sus vidas.

¿Qué representa para la construcción de una nueva Guatemala, la negación de su historia?, aquí hubo guerra, fue una guerra entre hermanos, ¿cómo negar que hubo guerra cuando hubo víctimas y victimarios de ambas partes?

Baudrillard dice que “en el mundo posmoderno, no hay realidad, no hay historia, sino un simulacro de la realidad. Los medios de comunicación, los constructores ideológicos de la realidad virtual, niegan la realidad real mediante el ejercicio retórico de la hiperrealidad”.

Es precisamente esto lo que está haciendo el poder económico a través de los medios de comunicación (el quinto poder) al legitimar y reproducir un discurso de ciegos que se niegan a ver la historia tal y como es. Merece la pena deconstruir el lenguaje y los códigos de ese poder. Hay en esos registros una visión del mundo que expresa la negación del pasado y que olvida que la historia es una construcción social basada en hechos concretos.

Las heridas de Guatemala solo se compondrán cuando se conozca la verdad, y el miedo a componer instituciones no viene de la narrativa histórica de la CEH, sino de que en Guatemala el simulacro de Estado de derecho creado en 1954, a pesar de ciertos retoques en los diez años de paz, sigue incólume.

Todos los hombres somos relaciones sociales, productos históricos, hijos de un lugar y de un tiempo concreto. Esto lo olvida la típica ahistoricidad de los neoliberales: nuestra manera de ver y actuar en el mundo está sujeta a la historia (entendida no solo como el pasado sino como la relación entre este, el presente y el futuro). Quien ignora y niega la historia, la repite. Además de cuestionar la negación de la historia debemos cuestionar la tarea del intelectual.

Dice el intelectual palestino Edward Said. “La función del intelectual consiste en dar narraciones alternativas de la historia y otras perspectivas sobre la misma, diferentes de las ofrecidas por lo litigantes que defienden la memoria oficial y la identidad y la misión nacional. Lo que necesitamos son historias austeras, sin contaminar, que pongan en evidencia la multiplicidad y complejidad de la historia y que no nos permitan concluir que esta avanza de forma impersonal, lineal, de acuerdo con leyes predeterminadas”.

Así podemos avanzar en la construcción de campos de entendimiento y no de hostilidades, para intentar una historia con nuestros vivos y también con nuestros muertos, salir de estereotipos para nombrar la realidad. Solo la verdad nos hará libres.

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