Reacciones a una “Historia por encargo”

Historia silenciada

Margarita Carrera

Prensa Libre, 8 de mayo de 2008

El sábado 19 de abril, dentro de las actividades realizadas en la Antigua Guatemala por la Cooperación Española, nos invitaron a Carlos Sabino y a mí para hablar sobre los libros que nos ha editado F.C.E.: Guatemala, la historia silenciada, de Sabino, y En la mirilla del jaguar. Biografía novelada de monseñor Gerardi y Sumario del recuerdo. Memorias (1929-1981), escritos por mí. Tuve la oportunidad, entonces, de hablar sobre la postura ideológica de Carlos Sabino acerca del tema de la Revolución de 1944, Arévalo, Árbenz, la Liberación y Castillo Armas. Pareciera que Sabino, al criticar severamente la Revolución del 44 y a sus máximos representantes y exaltar la Liberación y a Castillo Armas, no hubiera tenido en cuenta las investigaciones realizadas por el historiador italiano Piero Gleijeses, a quien, en el 2005, la Editorial de la Usac le publicó La esperanza rota. La revolución guatemalteca y los Estados Unidos, 1944-1954 (obra que fue publicada primero en inglés en 1991: Shattered Hope: The Guatemalan Revolution and the United States, 1944-1954, Princeton University Press). En ésta, Gleijeses hace un estudio profundo sobre la Revolución, y menciona a la CIA como culpable de la caída de Árbenz. Carlos Sabino, dos años después, publica el Tomo I del libro arriba citado, en donde da sus puntos de vista sobre “Revolución y Liberación”, enfrentando la Revolución con la Liberación, atacando a la primera y defendiendo a la segunda y no dando mayor importancia al papel de la CIA en la caída de Árbenz. Sabino, a pesar de decir que el historiador ha de evitar la subjetividad, se inclina indudablemente por la Liberación, esto es, por la derecha recalcitrante. En la contraportada de su libro se afirma que “Sobre la historia de Guatemala se han levantado mitos que se aceptan sin mayor reflexión. Ante el predominio de visiones tan sesgadas Carlos Sabino, un profundo conocedor de América Latina, se propuso ofrecer una versión equilibrada (¿?) de lo ocurrido en el país durante las últimas décadas”.

Como la Editorial de la Usac carece de medios para promocionar las obras que edita, el libro de Piero Gleijeses ha caído en el olvido. Tal historiador investigó profundamente la Revolución del 44, que incluye los documentos desclasificados de la misma CIA. Una obra de 620 páginas que en absoluto presenta “visiones sesgadas”, mucho menos “mitos vigentes”. Gleijeses es italiano, doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Ginebra, profesor de Política Exterior de los EE. UU. en la Escuela de Estudios Avanzados de la Universidad Johns Hopkins, en Washington, D. C. Un historiador de gran prestigio.

Sabino habla de “desenmascarar tales falsedades” (¿las de Gleijeses?), y de “alcanzar un mínimo de objetividad en el relato histórico”. Pero la “objetividad” de Sabino no es tal, cuando minimiza las conquistas de la Revolución y otorga lugar principalísimo a la Liberación y a Carlos Castillo Armas, sin mencionar el papel fundamental que tuvo el gobierno de Eisenhower, quien presidió el derrocamiento de Árbenz, mientras otros hombres ejecutaron sus órdenes: “Tres hombres, además del presidente, fueron vitales en la caída de Árbenz: John Foster Dulles, su hermano Allen, y el general Bedell Smith”.

Yo, que viví la Revolución del 44, me di cuenta, al impartir clases de español en la Embajada de EE. UU., de cómo en ella se movían los hilos contra Árbenz. En mi obra Sumario del recuerdo. Memorias (1929-1981), pp. 78-80, narro cómo con Castillo Armas se interrumpió la democracia y se inició la censura y autocensura. En el Parque Central empezó la quema de libros con el pretexto de que eran comunistas. Allí se quemó a Tolstói, Dostoievski, M. Á. Asturias, Cardoza y Aragón, entre otros. Se iniciaba, así, la pérdida de nuestra memoria histórica, que nos dejó en la penumbra y el silencio durante casi medio siglo. Los documentos históricos valiosos que no se quemaron, fueron enviados por la Embajada de EE. UU. a Washington. Libros de guatemaltecos en el exilio fueron borrados. En la Facultad de Humanidades jamás se mencionaba a Asturias o a Cardoza. Librerías y bibliotecas los eliminaron de sus estantes.

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