Reacción del Prof. Sabino a la crítica de Raúl de la Horra (II)

Discutible moralismo (II)

De la Horra convalida el alzamiento guerrillero

 

 Carlos Sabino

 

El Periódico, 24 de junio de 2008

 

Quiero destacar, en esta segunda parte de respuesta a Raúl de la Horra, que su lectura de la historia resulta parcial y visiblemente inclinada a dar la razón al bando guerrillero. Así lo hace cuando culpa a los militares de la “máxima responsabilidad histórica por los hechos de violencia que vivió el país durante 30 años” y los califica, sin ambages, como “asesinos de la esperanza”. La esperanza, en sus palabras, estaría representada por la “respuesta histórica” que dio la guerrilla a una “situación de oprobio e injusticia estructural”.

 

Me parece obvio que, con esta última frase, De la Horra convalida plenamente el alzamiento guerrillero: según su visión de las cosas, sería justificable alzarse en armas contra cualquier régimen que no nos parezca justo, aun a pesar de que haya sido elegido democráticamente. El razonamiento es sin duda peligroso, porque resulta de hecho un generalizado llamado a la violencia: ¿es siempre correcto hacer correr sangre cuando nos hallamos ante una injusticia “estructural”? ¿Cómo se puede definir exactamente el carácter injusto de un régimen? Y, para llegar al meollo de la cuestión, ¿quién lo define, quién tiene el derecho a hacerlo? Porque en todo momento siempre habrá personas, grupos o partidos que rechacen el orden constituido y que se arroguen la representación del pueblo por encima aun de sus expresiones electorales más amplias e indudables. ¿Es que todo orden constitucional puede quebrarse, impunemente, alegando consideraciones abstractas, siempre debatibles?

 

Una última aclaración me parece necesaria: ¿a qué esperanza asesinada se alude en el artículo, a la del triunfo guerrillero? Bueno es recordar que las guerrillas guatemaltecas, como las que se propagaron en América Latina, estaban guiadas por la idea marxista de lucha de clases, que propugnaban el socialismo más ortodoxo y que, cuando alcanzaron el poder, como en Cuba, implantaron un régimen totalitario. Lo mismo ocurrió en la Camboya de Pol Pot y lo mismo estuvo a punto de ocurrir en Nicaragua. Si esta era la solución que se buscaba para superar las injusticias estructurales, no debiéramos lamentarnos de que se haya frustrado la esperanza, pues era la esperanza en un futuro que inevitablemente se convertiría en mayor opresión política y desigualdad social.

 

Termino este artículo lamentando que consideraciones políticas e ideológicas impidan una serena reflexión sobre la historia reciente. Poco se puede avanzar en la reconciliación nacional cuando se asume el pasado como otro territorio más de lucha, de lucha sin cuartel.

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