La polémica Brenes Mesén-Valenciano en la Historia cultural de Costa Rica…

Darwin en Costa Rica

Polémica

Hace cien años, la teoría evolucionista suscitó debates entre periodistas y profesores

Iván Molina Jiménez

La Nación, 3 de agosto de 2008

En 1907, la ciudad de Heredia se convirtió en el epicentro del más importante conflicto religioso experimentado por Costa Rica en el siglo XX. Una denuncia de que en el Liceo de dicha ciudad se enseñaba la teoría de la evolución, desencadenó un choque cada vez más intenso entre la feligresía católica y el círculo de jóvenes intelectuales radicales articulado en torno del escritor y educador Roberto Brenes Mesén.

En el curso de ese proceso, y para alarma del gobierno de Cleto González Víquez (1906-1910), la sociedad costarricense fue escenario de movilizaciones populares en defensa de la fe, excomuniones y quemas de textos impíos, al tiempo que la moral católica era objetada sistemáticamente con base en los abusos sexuales atribuidos a algunos sacerdotes.

El conflicto realmente había empezado en 1905, cuando Brenes Mesén fue contratado por la Municipalidad de Heredia para dirigir el colegio de esa ciudad, pero su fase más aguda se desarrolló en 1907. Según Brenes Mesén, el 9 de mayo de ese año ocurrió lo siguiente:

“[…] el señor Cura [de Heredia], en una de sus pláticas, delató el hecho de que en el Liceo se enseñaban doctrinas contrarias al dogma católico, y á la salida de las niñas del Colegio una señorita –cuyo nombre me reservo– atravesó la calle para decir á las alumnas algo parecido á esto: «de monas las trataron y monas se quedaron». Como el asunto era de ninguna importancia, no le presté atención; pero poco á poco, á medida que transcurrían los días, fuí adquiriendo conocimiento de las versiones calumniosas que circulaban, primero entre gentes santurronas, luego entre los malquerientes del Liceo, y aun entre personas que por su posición estaban en el deber de mostrarse recatadas”.

‘Monos’. Rápidamente, el conflicto pasó de una dimensión local y oral a una escrita y pública. El 11 de mayo de 1907, el periódico católico El Orden Social, impreso en la ciudad de Heredia y dirigido por el presbítero Rosendo de Jesús Valenciano, publicó un suplemento titulado “Cartas a una señorita colegiala”, en el cual se impugnó la teoría de la evolución.

El principal argumento esgrimido contra tal teoría –el cual a su vez revela una limitada comprensión de la teoría misma (que no postula que el hombre descienda del mono)– fue una doble pregunta: ¿por qué no todos los monos se transformaron en hombres y por qué se detuvo esa transformación? El autor del artículo, bajo el pseudónimo de Tío Perilla , le advertía a la joven anónima a la que iba dirigido su escrito:

“[…] amiguita mía. Eso que te insinúa tu sabio embaucador, digo profesor, sólo por desmentir la revelación cristiana, es muy tonto… Si te vuelve con tales majaderías dile sencillamente ¿cuándo aconteció, eso que usted me pinta con tantos pelos y señales? ¿Cómo sucedió y en virtud de qué ley ó procedimiento? ¿Por qué no dura hoy la moda y por qué causas cesó? Como seguramente el chilenoide de marras no sabrá que responder á esas tres preguntitas, dile además que se goce él y se gloríe muy enhorabuena en tenerse por descendiente de bestias y por ende bestia como ellas, que nosotros los católicos nos estimamos algo más y tenemos en mejor estima la dignidad del género humano”.

Hasta donde se conoce, el texto escrito por Tío Perilla fue la primera publicación referida al hecho de que, en una clase realizada el 20 de abril en dicho colegio, un profesor de Ciencias Naturales del Liceo de Heredia, José María Orozco Casorla, supuestamente había afirmado que el hombre descendía del mono. El calificativo de ‘chilenoide’ era una forma despectiva de referirse a los jóvenes costarricenses que habían estudiado en Chile; podía referirse tanto a Orozco Casorla como a Brenes Mesén, ambos graduados en esa nación sudamericana.

A raíz de lo anteriormente expuesto, el corresponsal en Heredia de El Noticiero, un periódico liberal que se editaba en San José, escribió una nota en la que indicó:

“[…] mal estamos en esta ciudad, que en lo futuro no se llamará ‘ciudad de las flores’, ni del ‘órgano’, sino la ciudad de ‘los monos’; así tal como se oye y sin lugar á reclamo. Un señor profesor desenterró la lata vieja [la teoría darwiniana. I. M .], combatida, desacreditada por lo inaceptable, y hete aquí con ella de nuevo”.

Sin embargo, la dirección del periódico encontró inaceptable lo escrito por su colaborador en Heredia, y demoró su impresión hasta el día 16 de mayo, cuando publicó dicho artículo con una nota, en la cual se advertía: “No estamos de acuerdo con nuestro corresponsal en cuanto a la teoría darwiniana. Nosotros aceptamos la teoría evolucionista como una de las más bellas conquistas de la observación científica”. Esta aclaración provocó una respuesta violenta de El Orden Social, fechada el 18 de mayo, en la cual se atacó a esos

“tipos que no teniendo otra cosa mejor que hacer, se meten á reporteres de tres al cuarto en un diario liberal cualquiera, escriben unas cuantas crónicas de burdel y ya después se creen periodistas de veras, se dan humos de intelectuales y le hablan á Ud. de esto y de lo otro con tono magistral sin entender maldita la cosa”.

Otras heridas. Lo publicado por El Orden Social era una obvia declaración de guerra ya que descalificaba a los periodistas de El Noticiero al asociarlos con la prostitución. Además, El Orden Social acompañó su respuesta con un suplemento en el cual atacaba al darwinismo.

La réplica de El Noticiero no se hizo esperar y señaló satíricamente en su edición del 22 de mayo:

“[…] no vemos la razón que tengan los creyentes en sulfurarse contra los incrédulos, ni la que éstos tengan para hacer mofa de la religiosidad de las gentes, máxime si se piensa que este sentimiento es inherente del primer período de la evolución… En gracia, pues, de la teoría evolucionista disculpamos la intolerancia del señor Valenciano [director de El Orden Social ]”.

En las semanas siguientes, el conflicto se agudizó cada vez más hasta que, hacia mediados de agosto, el interés por el asunto empezó a decaer. Tal conflicto no alcanzó la duración ni la profundidad que tuvieron los enfrentamientos entre liberales y católicos en las décadas de 1880 y 1890, mas por un momento pareció como si la sociedad retrocediera en el tiempo. En 1907 no habían cicatrizado las heridas abiertas menos de veinte años atrás.

La intensidad del conflicto cultural de 1907 se explica en parte por los cambios experimentados por la sociedad costarricense desde fines del siglo XIX.

Con la creciente alfabetización popular y la expansión de la cultura impresa (en particular de la prensa), se configuró una esfera pública que propiciaba que confrontaciones en principio locales se profundizaran y extendiesen más allá de su lugar de origen.

Recuperar en toda su complejidad el conflicto de 1907 tiene su importancia en la actualidad debido a la expansión experimentada por las corrientes creacionistas, especialmente en los Estados Unidos, y a los esfuerzos realizados por sus simpatizantes para prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución. ¿Será el sistema educativo costarricense escenario de una nueva confrontación de esta índole en un futuro cercano?

EL AUTOR ES HISTORIADOR Y MIEMBRO DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR. ESTE ARTÍCULO SINTETIZA ASPECTOS DE SU LIBRO ‘LA CIUDAD DE LOS MONOS’.

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