En memoria del estudioso Ramón Oquelí…

Ramón Oquelí, entrañable amigo

La Tribuna, 17 de agosto de 2008

Rubén Darío Paz
In memoriam, que la gratitud es poca cosa

Coincidí con el maestro Ramón Oquelí, en el Archivo Nacional de Tegucigalpa en los primeros meses del año de 1992, siendo en mi caso estudiante de la carrera de Historia, y para ese entonces acostumbraba visitar el Archivo Nacional, tratando de ampliar información relacionada con la historia del municipio de llama en Santa Bárbara, lugar de mi procedencia.
Después de encontrarme continuamente con el maestro Oquelí, en dicho archivo, durante varias semanas, y ver que alguna personas se le acercaban a consultarle en voz baja, me dije bueno… si a este señor le preguntan tanto, es porque algo sabe, esperé que saliera de la sala de lectores para no interrumpir, y luego me presenté y le comenté sobre mis pretensiones. Prontamente me dijo, “he visto un par de artículos en el diario El Cronista… ahí escribe un señor que se llama Williams the Farmer”. En efecto, al revisar la fuente indicada me encontré, que el mencionado The Farmer, era uno de los seudónimos utilizados por José María Tobías Rosa, talentoso escritor de santabarbarense, que ya para los complicados años veinte, tenía funcionando en su pueblo natal, una imprenta, y una sala de teatro para niños.
Continuamos coincidiendo con el profesor el Archivo Nacional, y en uno de esos días me trajo de su casa, un ejemplar de la revista Luz, donde el artículo principal era justamente lo que yo buscaba. A partir de entonces, quedé muy agradecido, y las conversaciones se prolongaron. Recuerdo que para esos años, el Archivo era frecuentado por investigadores como, Roberto Castillo, Francisco Flores, Evelio Inestroza y Julio Rodríguez Ayestas entre otros.

Posteriormente, ya no coincidíamos en el Archivo, sino en el cubículo de Ciencias Sociales o en Colección Hondureña en el edificio administrativo de la UNAH. Esas reuniones resultaron más significativas, inicialmente porque la referida sección estaba a cargo de don Mario Argueta, que gentilmente nos atendía y nos facilitaba fuentes bibliográficas. Luego porque, se nos permitía ubicarnos en las mesas del fondo, casi como “investigadores privilegiados”, bueno ese era mi caso, en parte por mi condición de estudiante. Algunas tardes se sumaba a investigar Roberto Castillo, y gustaba de revisar con sumo cuidado los periódicos de principios de siglo XX, muchas veces le vi fascinado con ejemplares de la revista Ariel, sobre todo en la primera etapa de edición. Muchas veces, nos regaló notas sobre temas afines. Al final de las jornadas semanales, las conversaciones se alargaban, más de alguna vez, nos despedimos tarde de alguna cafetería dentro de la UNAH.
Luego de las periódicas visitas a colección Hondureña, le pregunté al maestro Oquelí, por un libro, y me dijo, se, que lo tengo pero si le urge, mejor vaya a mi casa a buscarlo. En efecto le visité por la noche, y me dijo pase al fondo tengo “algunos libros”. Se trataba de una cantidad sorprendente de libros, revistas, recortes de periódicos fascinantes. Luego me contó que allí en su biblioteca, había muchos libros porque él guardaba algunos libros que ya eran patrimonio familiar, se refería a los libros de su abuelo y de su padre respectivamente.
Quizás lo más sorprendente para mí, fue la confianza que me dio, busqué en este estante me dijo, y si no lo encuentra me avisa, y me dejó solo en una biblioteca repleta. Encontré el libro de Rafael Heliodoro Valle que buscaba, me lo llevé a mi casa, y enseguida lo comentamos. Después de tanta confidencia, entré a su biblioteca las veces que yo estimé necesario, incluso más de algún fin de semana mientras él y su familia, se trasladaban a Galeras, camino a Güinope, yo me quedé revisando o leyendo ejemplares de varias colecciones, entre ellas, Luz, Correo del Norte, Presente, Alcaraván, Prisma etc.
Compartimos con Oquelí, muchas reuniones familiares, sobre todo cumpleaños y navidades. Ahí coincidimos, con personas que con frecuencia le visitaban, entre ellos Zulema Corrales, Rolando Sierra, Segisfredo Infante, Mario Ardón, Marielos Chaverri, Sandra de Paz Barnica, y otros que sólo recuerdo sus rostros. Es preciso señalar, que una gran parte de intelectuales del país, consultaban a Oquelí, entiendo que por diferentes tópicos. Tuve la dicha, de estar presente en conversaciones que sostenía con Leticia de Oyuela, Darío Euraque entre otros, o cuando varios investigadores extranjeros, llegaban a consultarle, o porque algunos, querían conocerle personalmente.
En mi caso, siempre me gustaba abordarlo, antes de que llegaran muchas personas, ya que me permitía plantear mis dudas, con más confianza. Conservo, algunas de las anécdotas que él contaba sobre algunos ex presidentes, sobre todo a los de ese período de gobiernos entre Carías y Carlos Roberto Reina. Admiro mucho la gestión de Gálvez Durón, sobre todo por la movilidad que le dio a su gobierno, igual le gustaba contar, la actitud de Azcona del Hoyo, sobre todo porque, las reuniones entre él y la cúpula de las Fuerzas Armadas no eran en el Estado Mayor, si no, en los lugares que Azcona determinaba, en algún momento, les dijo el presidente soy yo. Recordemos que la práctica usual, era que los militares, le indicaban al presidente, y Azcona actuó en ese contexto, en lo que enmarca la ley.
Oquelí siempre lamentó, que algunos de los ciudadanos que ostentaron el poder, por diversos motivos no dejaron sus memorias, sostenía que era una lástima, que Oswaldo López Arellano, superado únicamente por el dictador Carías en el Ejerció del poder, se llamará al silencio. Guardándose para sí, una versión no menos importante y que según le decía doña Gloria, ¡hay Oswaldo, a vos siempre te van a ver como golpista… defendete! Otros ex presidentes, corrieron igual suerte, por razones diversas, nunca se publicó un libro sobre la vida de Policarpo Paz García, Juan Alberto Melgar Castro, aunque los intentos y borradores más de alguna vez los vimos. Sin duda, esta es otra tarea pendiente para la nueva generación de historiadores hondureños.
Oquelí, era un hombre, de mucho empalme, es normal que el capital social de su familia, más su talante intelectual le permitieran, intercambiar con hombres influyentes del país. Muchas veces, me contó detalles sobre las conversaciones que tuvo con el coronel Armando Velásquez Cerrato, y sostenía “que era hombre con una magnífica memoria”, pero, cuando él lograba incorporar algún tema de la historia nacional, donde AVC había sido protagonista, este último guardaba silencio… perdiéndose así la otra versión de una faceta importante de la historia nacional.
El hecho de estar en contacto con pensadores importante como don Luis Landa, valoró mucho los aportes de Rómulo E. Durón, Medardo Mejía y Víctor Cáceres Lara, de este último destacó la acuciosidad, del dato preciso, sobre todo en las efemérides de Honduras, sin olvidar que la mayoría de sus cuentos relejan la provincia.
Nunca pasó por alto, el compromiso intelectual de Ventura Ramos, y me dijo, “así como escribe, así es don Ventura, íntegro” otra amistad que valoró mucho el maestro Oquelí, fue la de Jesús Aguilar Paz, sostenía, que era un ameno conversador, que la experiencia de campo era respetable y que había que valorar su obra, sobre todo en las condiciones, en que las realizó.
Ramón Oquelí, era un profundo conocedor de siglo XIX hondureño, sus aportes sobre Valle, Morazán, Reyes, Guardiola y Rosa son fundamentales, ello le permitía contar entre detalles y anécdotas la vida de los personajes, y relacionaba con enorme facilidad los hechos históricos, hasta lograr su propio estilo de dar lecciones de historia en cada conversación.

De los personajes, del siglo XX, su fascinación fue la obra de Alfonso Guillén Zelaya, igual le dedicó muchos años de su vida a Rafael Heliodoro Valle y a Froilán Turcios. Investigó muchas cosas, sobre Paulino Valladares, Juan Pablo Waraigth (Juan Rayo) Visitación Padilla, Rómulo E. Durón, Medardo Mejía, Graciela Amaya, Lucila Gamero, Clementina Suárez entre otras. Es que, es realmente difícil, pensar que Oquelí, no allá puestos sus ojos, en un nutrido grupo de intelectuales hondureños. A esto se le suma una etapa, donde fue un empedernido aficionado a la música, a tal grado, que me contaba, que una vez empezó a valor que es lo que más le convenía a él en la vida. ¡Entonces dijo, mejor adiós a la música! Sin olvidar, que era un apasionado lector de poesía, disfruto plenamente, no sólo a lo clásicos, o destacados personajes del siglo de oro español, sino que también, guardaba amistad con varios poetas hondureños, tampoco desconocía el trabajo de jóvenes poetas del momento.
Aparte de la ejemplar erudición de Ramón Oquelí, su trabajo intelectual, fue un permanente compromiso con Honduras, donde se percibe una postura ideológica transparente y de vanguardia. Revisar los artículos periodísticos de las tres últimas décadas del siglo pasado, que por cierto están aglutinados en una importante publicación de la Editorial Universitaria, titulados, “Situaciones y Gente. Ver el trabajo periodístico de Oquelí, es encontrase con un amplio espectro de temas, análisis responsables, con críticas consistentes de lo que en ese momento, la clase política hondureña y los jerarcas del país, estaban haciendo de forma errónea. La década de los años ochentas, donde Honduras no estuvo exenta de violaciones a los derechos humanos, de persecuciones a disidentes y donde las altas esferas del poder, sólo atendían “órdenes superiores”, desconocieron la Constitución, pero cumplieron a cabalidad, con los preceptos de la fatídica Doctrina de la Seguridad Nacional. Oquelí, no dejó de publicar, al menos en diario Tiempo, y el Periódico, Presencia Universitaria, y con ello demostrar con responsabilidad intelectual, la importancia de fortalecer la incipiente democracia hondureña. La visión de país de Ramón Oquelí, es sin duda uno de los aportes más significativos a la historiografía nacional, de los últimos treinta años del siglo XX, a lo que se le suma su calidad humana, parafraseando a Kant con su imperativo absoluto “tratar al otro, como si de ti mismo se tratara”.

* Historiador y docente de Ciencias Sociales de la UPN.  Actualmente, realiza estudios de Antropología en la Universidad de Salamanca, España.

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