Textos de Historia y representaciones patrias en Nicaragua

Una visión racista de la patria.
A propósito de otro 15 de Septiembre: Una relectura del primer texto utilizado para enseñar historia y geografía nacional en Nicaragua .

Guillermo Fernández Ampié*

El Nuevo Diario, 13 de septiembre de 2008

Desde finales del siglo XIX, con la profundización del proceso de consolidación de los estados nacionales, se impuso la necesidad de impulsar un discurso hegemónico sobre el pasado que promoviera y consolidara la unidad política, cultural e ideológica de la sociedad. Es lo que hemos conocido como la versión oficial de la historia, aquella promovida por y desde el Estado. En el caso de Nicaragua, bastante tardíos en comparación con otras realidades hispanoamericanas, como México o la Argentina, los primeros pasos para la construcción de un discurso hegemónico sobre el pasado del país, se dieron durante los gobiernos de la segunda mitad de los famosos Treinta Años Conservadores, entre 1871 y 1888. José Coronel Urtecho afirma que en ese período surgió entre las elites conservadoras la necesidad de construir un relato histórico nacional que sirviera para la difusión del sentimiento de nacionalidad nicaragüense.1
Efectivamente, fueron los presidentes Vicente Cuadra (1871-1875), Joaquín Zavala (1879-1883) y Evaristo Carazo (1887-1889) los que se dieron a la tarea de promover la redacción de una historia nacional de Nicaragua.2 Estos presidentes, aunque se consideraban a sí mismos conservadores, en la práctica impulsaron políticas de corte liberal, al extremo que un sector de su partido llegó a acusarlos de no ser verdaderos ni legítimos conservadores.3 Así tenemos que bajo el mandato de Cuadra se publicó el primer texto con el que se enseñó geografía e historia, y podríamos decir que hasta cultura de Nicaragua, en los establecimientos de educación del país. Esa obra titulada Notas geográficas y económicas sobre la república de Nicaragua, tiene una historia muy singular. En primer lugar no fue escrita por un escritor nicaragüense. Su autor fue Pablo Lévy, un ingeniero de origen francés que llegó a Nicaragua atraído por la posibilidad de la construcción de un canal interoceánico, proyecto que entonces se creía de próxima realización. Lévy anhelaba poner sus conocimientos científicos al servicio de esa obra. Según lo relata en el prólogo de sus Notas geográficas y económicas…, una vez en Nicaragua consideró necesario escribir un texto que diera a conocer al país en el exterior, ya que las obras referidas a Nicaragua publicadas hasta entonces, y que él había consultado, a pesar de sus indudables méritos adolecían de muchas deficiencias.4 Con su escrito, el ingeniero francés se proponía además atraer inversionistas para el proyecto canalero y promover la inmigración europea a territorio nicaragüense. Por consiguiente, tampoco estaba destinado originalmente para servir como texto escolar. Sin embargo, la obra dio un inesperado giro cuando los “ilustrados” de la época leyeron el manuscrito y se entusiasmaron de tal manera que propusieron fuera utilizado como texto para “instruir a la juventud”, enseñando con él geografía e historia nicaragüense, aunque esa materia como tal no existía en el programa escolar. El presidente Cuadra solicitó entonces al propio autor que la tradujera al español.5
En la primera sección de sus Notas geográficas y económicas, Lévy realizó una encomiable síntesis del pasado nicaragüense. Sin embargo, la imagen que el autor tenía del país, y por consiguiente la visión de la nación, se expresan mejor en los capítulos que dedica a la población, la etnología y lo que él llamó “geografía administrativa” nicaragüense. En esas secciones se refiere a las costumbres, los hábitos alimenticios, las expresiones religiosas y la composición étnica de la población nicaragüense. En sus observaciones el autor critica “las imperfecciones” y todo lo que considera malo o negativo en el país. Utilizando un tono que recuerda Los viajes de Gulliver, Lévy critica desde el sabor del café que se prepara en Nicaragua hasta las manifestaciones en que la población expresaba su devoción católica, pasando por la forma en que los miembros de la elite gastaban su tiempo libre, el vestuario de los sectores más pobres de la población y la ineficiencia de la administración pública. La carga negativa que se observa en el texto de Lévy pareciera ofrecer nuevos argumentos, o corroborar los expresados, a favor de ese pensamiento ilustrado que hablaba de una supuesta degradación e inferioridad de la población americana y de su incapacidad para gobernarse a sí misma, ideas que tan “vehementemente” habían sido rechazado durante el período de emancipación colonial.6
La conclusión a la que llega Lévy es que Nicaragua no estaba “bien poblada”. Para él, el principal problema del país era que la población era “esencialmente mestiza”, hecho que consideraba sumamente grave porque “los mestizos son siempre seres inferiores, física y moralmente, a las razas puras que los han producido; [y] porque los mestizos actuales se sobrecruzan entre sí y van, por consecuencia, inferiorizándose todos los días más y más”. Pero lo que Lévy consideraba todavía más “espantoso” era que la elite parecía no preocuparse de esa situación, y tampoco hacía nada por “remediarla”. Finalmente, el ingeniero galo proponía como solución urgente, si Nicaragua se quería “salvar”, que se promoviera la inmigración de europeos, algo que debería de hacerse “por el bien de la humanidad”. 7
Los anteriores planteamientos han sido considerados casi como un exabrupto del ingeniero francés, que responden nada más a las ideas de boga en la época, lo cual en parte es cierto. Pero a nuestro juicio, por eso mismo esas ideas expresan la forma en que los miembros de las elites en el poder contemplaban y concebían al país. Sin lugar a dudas, ellos compartían en buena medida esa imagen de la nación. Debemos recordar que fueron representantes de estos grupos de poder los que solicitaron que el libro se tradujera al español y fuera utilizado como texto escolar. El único que criticó el texto de Lévy fue el cronista e historiador Jerónimo Pérez (1828-1884). Pero los señalamientos de Pérez tampoco estaban en contra de las concepciones racistas del autor, sino que más bien parecían orientadas a defender la gestión de los patriarcas conservadores y las manifestaciones religiosas de los nicaragüenses que Lévy tanto criticó. Lo que queremos señalar en estos breves párrafos es que el primer texto utilizado por jóvenes nicaragüenses para estudiar su historia y geografía, a finales del siglo XIX, ofrecía una imagen negativa de su propio país. Esa fue la imagen de la nación que interiorizaron los jóvenes que estudiaron este texto: una patria en la que coexistían dos grandes regiones, una “civilizada” y la otra no, y que la civilizada también dejaba mucho que desear pues tampoco marchaba bien. Aunque seguramente el universo estudiantil que aprendió de este texto fue muy pequeño, dado los altísimos niveles de analfabetismo en esos años.
En su texto Lévy también ofrece un valioso testimonio sobre los pobladores de la Costa Caribe nicaragüense, región que él llama “la parte no civilizada” de Nicaragua, sobre sus costumbres y su propia perspectiva respecto a la realidad del país, lo cual equivale a otra imagen o idea de la nación. Lo poco que dice Lévy de esta perspectiva, atribuida por el autor francés a la “incapacidad” de los indígenas de “comprender la igualdad republicana”, nos sugiere que es una elaboración meditada, que los miembros de las comunidades indígenas construyeron a partir de su propia experiencia histórica. Lévy asegura que los indígenas, todos con los que pudo hablar, se esforzaban por demostrarle al viajero que el estilo o la forma de vivir de los no indígenas era la equivocada. En cambio, sostenían que a ellos, los indígenas, les asistía la razón al vivir de la forma en que vivían. Sin salir de su asombro, Lévy comenta que estos pobladores autóctonos representaban un fenómeno moral “talvez único en el mundo”, “de ser salvajes con pleno conocimiento de causa y propósito deliberado”.8 Hasta pareciera burlarse de esta visión indígena, hoy diríamos de la interpretación de su realidad histórica que hacían los pobladores caribeños, cuando afirma que “se imaginan” que en Nicaragua existen dos clases “una que oprime y otra que está oprimida”. Asegura que los indígenas estaban convencidos de que si se “civilizaran”, serían colocados en la segunda clase, y por ello se empeñaban en no salir de la situación en que se encontraban. “Su mayor temor, agrega, es que les hagan soldados y les manden después a hacerse matar por algún motivo desconocido de ellos”.9
Al consultar otras fuentes históricas podemos comprobar fácilmente que los planteamientos indígenas tenían su fundamento en la realidad que le había tocado vivir a sus antepasados en sus interrelaciones con los habitantes de la costa del Pacífico, la “parte civilizada”, Nicaragua y los nicaragüenses. El historiador y cronista Francisco Ortega Arancibia da cuenta de esas experiencias. En su relato del sitio al que los granadinos sometieron a los leoneses durante la guerra civil de 1844, cuenta que los sitiadores “tomaron indios de los que de Matagalpa llegaron, y los cargaron con unos sacos llenos de arena para que los pusieran en las calles, formando barricadas: los soldados [leoneses, sitiados] les hacían descargas de fusilería y los mataban; y aunque atemorizados lo demás no querían llevar más sacos de arena, los amenazaban los oficiales [sitiadores]; y los indios morían, hasta que por fin dispusieron hacerlas en la oscuridad de la noche”,10 El cronista agrega que los granadinos después “repusieron” esas bajas con otros indios que habían llegado, entregándoles los fúsiles abandonados por los muertos y heridos.11
Es probable que Lévy desconociera esa realidad histórica. De lo contrario no se habría extrañado que los indígenas le tuvieran mucho “odio y a la vez mucho miedo” a los que mandaban y vivían en la parte “civilizada” del país. Es muy significativo que cuando este texto fue reeditado a más de un siglo de su primera publicación, después de elogiar la labor realizada por el ingeniero francés, Jaime Incer Barquero, uno de los pocos científicos que se cuentan en Nicaragua, escribió en el prólogo que hay que “dispensarle sus especulaciones racistas (…) pues tales ideas eran muy aceptadas en el siglo pasado…”12 Probablemente le asista la razón al eminente científico cuando argumenta que esas eran ideas muy aceptadas en la época de Lévy, pero se equivoca al dejar pasar por alto el significado y las implicaciones políticas, económicas y sociales de dicho pensamiento, y sobre todo las reminiscencias que de esas ideas subsisten en nuestros días. Ideas que aunque ahora no se expresen de forma tan cruda no se puede negar que de una u otra forma han influido en los proyectos de nación, excluyentes, discriminadores y etnocéntricos que se han impulsado hasta ahora en Nicaragua.13
Lo anterior explica, aunque no deja sorprender, que la parte que más llamó la atención a Incer Barquero fue el capítulo referido a temas etnológicos: costumbres, tradiciones y arquitectura nicaragüense. El científico nicaragüense asegura que a “todos aquellos que nacimos hace algún tiempo y gozamos de la solariega vida pueblerina y patriarcal de nuestros abuelos, la meditación de este capítulo nos traerá la evocación de aquellas épocas de rústica simplicidad e inocencia”.14 Asumiendo una perspectiva similar, también sería muy interesante saber qué evocaciones traería a los descendientes de “los caribes”, los actuales indígenas Mayangnas, entre los que convivió Lévy, si también llegara a ellos el texto y leyeran lo que el ingeniero francés escribió sobre sus antepasados.
El texto de Lévy se agotó a los pocos años y se hizo necesario redactar una nueva obra, ahora sí específicamente de Historia de Nicaragua y pensada explícitamente para ser utilizada en los centros escolares. Fue ante esta necesidad que surgieron los textos de Ayón y Gámez.15 Pero éstos resultaron muy densos, fueron verdaderos tratados, y se hizo necesario redactar un nuevo texto para explicar de forma sencilla las principales fechas y acontecimientos históricos a través de los cuales se ha ido forjando la nacionalidad nicaragüense. Estos textos también surgieron en los últimos años de gobierno conservador, pero su difusión en la mayor parte del territorio nicaragüense se dio hasta que llegó al poder un nuevo proyecto político, y por consiguiente una nueva visión de la nación.

* Máster en Literatura Hispanoamericana – Universidad Centroamericana, Managua. Candidato a Doctor En Estudios Latinoamericanos – UNAM- México.

Notas:

1 José Coronel Urtecho, Reflexiones sobre la historia de Nicaragua. De la colonia a la independencia (Managua, Nicaragua: Fundación Vida, 2001), 613.

2 El presidente Zavala suscribió un acuerdo con Tomás Ayón para que redactara un texto Historia de Nicaragua. Ayón proyectó escribir su obra en varios tomos, pero su repentina muerte impidió que la concluyera.

3 Según el historiador conservador, Emilio Alvarez Lejarza, estos presidentes “enderezaron al partido [conservador] hacia el liberalismo”. Emilio Alvarez Lejarza, “El liberalismo en los treinta años”, en Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano (Managua) 51 (Diciembre de 1964): 23. La historiadora mexicana María del Carmen Collado también ha señalado las inexactitudes de la tajante calificación de liberales y conservadores que normalmente se hace de los políticos de la época. Al poner de manifiesto muchas de las coincidencias en los planteamientos políticos y económicos de los dos partidos históricos de la Nicaragua del siglo XIX., sugiere que deben tomarse en consideración diversos matices. Ver María del Carmen Collado, “Liberales y conservadores de Nicaragua. ¿Falsos estereotipos?”, en Revista Secuencia (México) 11. (Mayo-Agosto de 1988), 65-76.

4 Pablo Lévy, Notas geográficas y económicas sobre la República de Nicaragua (Managua: Fondo de Promoción Cultural-Banco de América, 1976), xix y xx.

5 Lévy, xxii.

6 Frances Kinloch Tijerino, “La idea de nación en la Nicaragua de 1858”, en Memorias del IV Simposio Panamericano de Historia (México: Comisión de Historia – Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 2001), 194.

7 Lévy, 193-194.

8 Lévy, 210.

9 Lévy, 249.

10 Francisco Ortega Arancibia, Cuarenta años de Historia de Nicaragua 1838-1878 (Managua: Fondo de Promoción Cultural del Banco de América, 1974), 61.

11 Ortega Arancibia, 61

12 Jaime Incer Barquero. “Un texto que hizo historia”, prólogo del texto de Pablo Lévy, Notas geográficas e Históricas de la República de Nicaragua. Xi

13 Al analizar las variaciones en los datos referidos a los indígenas en diferentes censos poblacionales practicados en Nicaragua, entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, Jeffrey Gould sostiene que el discurso de las elites dominantes acerca del mestizaje era “tan poderoso” [so powerful] que “cientos de miles de indios centroamericanos, como los Sutiavas, llegaron a avergonzarse de sus marcas indígenas, en la medida en que la palabra “indio” llegó a ser sinónimo de ignorante o salvaje. Sin embargo, hay que señalar que la discriminación hacia los indígenas no fue sólo una cuestión de discurso. Fue una práctica agresiva, destructora de la identidad y de las formas de vida propia de las comunidades autóctonas de Nicaragua. Una práctica que se derivaba del proyecto de nación que en su momento impulsaron liberales y conservadores a finales del siglo XIX y principios del XX.

14 En Lévy, xi

15 Años después de la publicación del texto de Lévy, que para entonces ya no se consideraba “apropiado” para las escuelas, el presidente Joaquín Zavala encargó a Tomás Ayón que escribiera una historia de Nicaragua. El proyecto quedó inconcluso por el fallecimiento del autor, quien en vida publicó solamente dos volúmenes de su obra. Poco después, en 1888, el presidente Carazo promovió un concurso nacional para la redacción de un tratado de Historia de Nicaragua que se utilizaría como texto escolar. La obra escrita por Gámez fue ganadora de ese certamen.

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