Edelberto Torres Rivas comenta los libros del Prof. Carlos Sabino

Análisis

¿El revisionismo histórico de derecha?  A propósito de Sabino y sus silencios

Edelberto Torres-Rivas

La Hora, 4 de octubre de 2008

Desde hace un año, está circulando en los ámbitos académicos y políticos del país un ambicioso trabajo que contiene una historia contemporánea de Guatemala, en dos tomos, con el provocador nombre de “Guatemala: la historia silenciada” (1) de Carlos Sabino, un intelectual sudamericano conocido en los medios conservadores de la ciudad. Basta leer el prólogo o cualquier capítulo para advertir que se trata de algo más que un intento de “completar” la historia de nuestros últimos años porque algo se ha silenciado. ¿Omitido, ocultado? Se trata, más bien, de un esfuerzo claramente encaminado a proponer una nueva lectura de esa historia, de interpretar los mismos hechos en una perspectiva distinta: de darle más voz a lo que nunca ha sido silenciado, la versión de los dominadores. El punto de partida queda así señalado: se trata de una visión de la historia nacional desde una óptica que pretende corregir la “historia oficial” (2).

¿Historia oficial? Tal vez sí, pero nadie discute que en el mundo académico, ella, la historia oficial, ha sido siempre la que han escrito los vencedores. Casi es tautológico ejemplificarlo, pues la historia de Grecia no la escribieron los ilotas, ni la del renacimiento, los campesinos. En provecho de la brevedad, digámoslo de una vez y claramente, pues sobre el polémico trecho de la Revolución de Octubre y la Contrarrevolución anticomunista -unas decisivas cuatro décadas- hay unas versiones de izquierda y otras de derecha, textos parciales, incompletos, a veces muy puntuales y otros muy dispersos y, en general, pocos buenos y muchos deleznables. Sobre esa época de la vida guatemalteca se ha escrito mucho, pero se ha investigado poco y, además, faltan las síntesis creativas, las versiones cuyo mérito interpretativo unifica el conocimiento. ¿Dónde está la gran interpretación, intelectualmente sólida, de la Revolución de Octubre?

Salvo excepciones, como el notable trabajo de Piero Gleijeses, que Sabino utiliza poco (3), todo lo que existe es todavía muy inmediato, marcado por veleidades militantes, donde se acarician torpemente lo ideológico y lo emocional. Todo ello se sitúa en el discutible tema por construir -no por encontrar- la verdad histórica, que es ardua, distante y difícil responsabilidad académica. No es posible extenderse aquí sobre el debate de la verdad en la historia, aunque personalmente creo que este concepto no existe. La responsabilidad del científico requiere un cuidadoso sentido epistemológico de su trabajo, una buena formación profesional e información, a fin de conocer todo lo producido sobre el tema; no manejar una visión conspirativa de la historia, no anticipar resultados. Pero siempre, la verdad histórica será personal.

Por las anteriores consideraciones, se afirma que un proyecto, como el que estamos comentando y tal como explícita y extensamente lo desarrolla Sabino, es de evidente filiación política e ideológica, lo cual no importa. Por de pronto, ello no lo descalifica, pero previene al anunciar como lo hace el título de su obra, que “el silencio” tampoco le gusta. ¿Cómo lo interrumpe Sabino, cuál es la cualidad de su “grito”? ¿Su contribución?

En relación con temas tan espinosos como el proyecto nacional-popular arbencista, la intervención norteamericana para derrocarlo, la lucha guerrillera, el Estado terrorista y otros muchos, es discutible que haya unanimidad en los juicios interpretativos. Por la naturaleza tan sensible o tal vez porque muchos de sus actores aún están vivos, sobre esos temas, no ha habido debate. A nuestro juicio, lo oficial de esa historia es, como paradoja, lo que no se ha escrito; la que oculta los datos, olvida las consecuencias, ignora las cifras y conduce al silencio. Resumamos: la historia oficial en Guatemala (la de los vencedores) ha sido la historia de lo que no se conoce, lo que se ignora. Los intelectuales de izquierda han intentado combatir el silencio oficial, proponiendo sus versiones personales, escribiendo lo que en algún momento se llamó “literatura de la crisis”. Numerosos investigadores extranjeros, progresistas, también lo han hecho. De modo que en Guatemala la historia silenciada no viene por el lado de la izquierda, sino de la derecha.

No obstante, aquí se han publicado en los últimos años varios trabajos sobre la historia del país, todos ellos con una fuerte orientación conservadora: un pequeño texto de Ralf L. Woodward (4) y otro de Jorge Luján (5), que le dedican al período de la guerra “civil”, media página y dos páginas, respectivamente. Y dos obras decididamente extensas, la de Villagrán Kramer (6) y la monumental obra en seis tomos de la Asociación de Amigos del País (7), que contienen, aquélla más de 400 páginas, y ésta, más de un tomo, sobre los tópicos de los que se ocupa el libro de Sabino. Llama la atención que nadie en nuestro soñoliento medio político/intelectual haya polemizado, sobre todo con estos dos últimos.

A propósito de lo que se viene planteando en el prólogo al libro de Villagrán, señalé que escribe “desde la acera de enfrente” y contradice “las versiones a que estamos acostumbrados en una visión partisana de la que todos somos parte. Es imposible hacer referencia a los mil detalles de esta historia (…) muchos de ellos novedosos por desconocidos, otros útiles por oportunos y otros irritantes por falsos. La sociedad guatemalteca aún está profundamente escindida por los efectos de la insurgencia y la contrainsurgencia. Ha pasado aún muy poco tiempo para que los profundos agravios que lastimaron a dos generaciones puedan olvidarse de cualquier lado que se esté. O perdonarse, si fuera el caso (…)” (8)

Un proyecto como el de Sabino, por una simple deducción de lo que se viene planteando, es esencialmente polémico; califica y descalifica con intenciones discutibles numerosos aspectos que contradicen lo que la izquierda afirma. ¿Contiene su trabajo solamente una visión de la historia, o es un proyecto de revisión interpretativa? Estamos frente a una simple visión; no hay una revisión científicamente fundada. La respuesta es definitiva habida cuenta que el revisionismo histórico como búsqueda constituye un importante estímulo para enriquecer el conocimiento del pasado. Bienvenida hubiese sido.

En la historia de la Historia, la búsqueda de la verdad, que siempre es un propósito tan permanente como inalcanzable, tiene en la estrategia interpretativa de los datos históricos su mejor instrumento. Son numerosos los países en que el debate está planteado con relación a los hechos fundantes de sus respectivas historias. Por ejemplo, en Argentina hubo una poderosa corriente intelectual que replanteó las formas tradicionales de leer su historia, como el debate sobre la verdadera significación de la migración europea en la república democrática (José Luis Romero, Tulio Halperin y otros). En Chile, más recientemente, el historiador conservador Gonzalo Vial ha reescrito en cuatro tomos “La Historia de Chile”, subvirtiendo toda la historia oficial.

Lo ocurrido en Francia constituye un ejemplo, tal vez más impactante, la inmensa revisión conservadora por un grupo de pensadores, sobre la historia liberal y humanista de la república burguesa y en especial de la Revolución de 1789. La publicación en 1978 de “Penser la Revolution Francaise”, de Francois Furet (9), ex militante comunista, el aparecimiento de la revista Le Debat encabezado por Pierre Nora y otros, completaron el rumbo del pensamiento dominante. La historia de Francia y, en cierto sentido, de otros países europeos cambió con la nueva interpretación propuesta: ya no la interacción de las clases sociales, de la “Escuela de los Annales”, sino la dinámica de un discurso político “que esencialmente intercambiaba las abstracciones de la voluntad popular por aquellas del poder absolutista” (10), una historia intelectualista que construye sus datos a partir de conceptos rigurosamente elaborados. La historia política de Francia se ha revisado a partir de una propuesta que se afirma en la genealogía de las ideas, encarnadas en sujetos particulares.

La memoria tiene historia; tanto la memoria individual, del historiador, como la colectiva. Todas como reconstrucciones del pasado. De este modo, hay que examinar las dificultades que enfrentan los historiadores al estudiar el pasado reciente, el papel de los testimonios de los testigos sobrevivientes de esos eventos, la relativa validez de los documentos escritos y la exigencia de verdad, que siempre serán personalmente resueltas. Sabino ha entrevistado a más de cien testigos y ha tenido acceso a lo que, sin temor a equívocos, llamaría toda la producción bibliográfica de origen conservador (documentos de Avemilgua, del Ejército, la Iglesia), de autores de la derecha política, como Calderón Salazar, Beltranena Falla, Gramajo, Maldonado Aguirre, Mérida, Pellicer, Putzeys, Schneider y otros. Por todo ello, no hay “historia silenciada”, sino otra, diversa, falaz y, tal vez, contradictoria. ¿Por qué hablar de silencio?

En este breve comentario, no es posible analizar con detenimiento -con inútil paciencia- el texto de Sabino, sobre todo el segundo tomo, donde más “silencios” hay. Basta, a mi juicio, plantear dos o tres interrogantes que no aparecen ni analizados ni respondidos en un conjunto de casi 800 páginas. De haberlo intentado, habría habido una revisión de la historia contemporánea de Guatemala. Sólo encontramos otra visión, otra crónica, otros silencios. La primera cuestión es la significación de la Revolución de Octubre y el proyecto nacional-popular que le daba sentido: la iniciativa de reformar la estructura agraria fue una radical ruptura en la nación oligárquica, una aspiración de poner la vida social a tono con los tiempos. Sólo en un escenario de tan profundo atraso cultural, el de la república liberal rural, se explica que en su contra se hayan movido todas las clases dominantes y sus servidores, las clases medias altas y, in animo vili, la Iglesia Católica, el Ejército, los medios de comunicación social, los Estados Unidos… Nada de esto se dice.

Arbenz no cayó por la “invasión” mercenaria. Fue más decisivo Peurifoy que Castillo Armas. ¿Cómo puede silenciarse la segunda “acción encubierta” internacional de la CIA, exitosa, abundantemente documentada? Basta tener a mano el texto del historiador oficial de esa oficina, Nick Cullather (11). Una segunda cuestión se refiere a los orígenes, causas y efectos del llamado “conflicto interno” en tanto ellas hunden sus raíces en la historia misma de una sociedad aún colonial en muchos aspectos. Las causas son elementales: la ausencia de democracia política y el exceso humillante de las desigualdades sociales. Algunas referencias a las condiciones socioeconómicas de una sociedad así, no pueden dejar de mencionarse. La explicación política sólo con argumentos de la ciencia política resulta incompleta y, a la larga, falsa. Los análisis de “Guatemala, una historia silenciada” se debilitan porque la política pareciera operar en el vacío social, requisito heurístico que Sabino ignora.

La calidad de las investigaciones hechas ciertamente no guarda proporción con la cantidad de publicaciones sobre ese trágico período de nuestra historia contemporánea; y aquí otro silencio, un 95% de civiles, “no combatientes” (¿100 mil? ¿200 mil?) fueron asesinados, muchos de ellos, con sevicia e ignominia. Se puede no tener simpatías con las guerrillas, pero no se debe ignorar lo que significa un Estado que mata a sus ciudadanos de manera tan persistente. ¿Qué pasa con un poder social de esa calidad, que no alcanza a poner orden en la sociedad en cuatro décadas? ¿Cómo no referirse a este inmenso fracaso histórico? Hay temas que admiten un tratamiento ideológico y pueden ser silenciados. Hay otros que no y hay que “gritarlos”, para no ser cómplices de una historia silenciada, de nuestra historia oficial.

El éxito comercial de “La historia silenciada…” se debe al ruidoso apoyo que ha tenido el señor Sabino por parte de personalidades e instituciones de la derecha política. ¿Quién se hizo cargo del gasto editorial, cien mil quetzales, esfuerzo amparado nada menos que por el Fondo de Cultura Económica, que no suele editar en Guatemala? Una primera reimpresión, el mismo año de su publicación, sugiere un “best seller” que alcanzaría un tiraje de más de 4 mil copias, cantidad envidiable aún para las “novelas de supermercado”.

Conociendo el medio guatemalteco, que un libro de esta envergadura se mantenga en el primer lugar de ventas por varias semanas, le da cabida al chisme; no sólo ha sido escogido como texto de lectura obligatoria en alguna universidad, sino que ha sido convertido en un obsequio académico, distribuido como regalo intelectual de un bien quedar. El registro de los datos anteriores pareciera que al consignarlos, nos mueve la envidia, pecado venial que en todo caso resulta menor frente a otro defecto, la curiosidad: ¿Por qué circula tan generosamente esta historia, decididamente sectaria, de lo que sin duda no es una revisión de la historia oficial?

 

[1] Carlos Sabino, Guatemala, la historia silenciada, (1944-1989), Tomo I Revolución y Liberación y Tomo II el dominó que no cayó,  FCE, Guatemala, 2007 y 2008 respectivamente.

[2] (p. 17)

[3] Como en p. 134, 157, 158                                                             

[4] Ralph Lee Woodward, Jr. A short History of Guatemala, Editorial Laura Lee, Guatemala 2005.

[5] Jorge Luján Muñoz, Breve historia contemporánea de Guatemala, FCE, Guatemala 1998.

[6] Francisco Villagrán Kramer, Biografía política de Guatemala, Vol. 1 y 2, FLACSO-Guatemala, 1993 y 2004.

[7] Asociación de Amigos del País, Historia General de Guatemala, 6 tomos, Guatemala, 1997.

[8] Edelberto Torres-Rivas, prólogo al texto de Villagrán Kramer, citado, pag. 8

[9] Furet es autor de numerosas obras, como la mencionada o La France Revolutionaire 1770-1880, de notable éxito editorial.

[10] Perry Anderson, El declive  de la cultura francesa, en Crítica y Emancipación, Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, CLACSO, 1-1 Buenos Aires, 2008, pgs. 199 y 200.

[11]  “Secret History, the CIA’s classified account of its operations in Guatemala 1952-1954”, Stanford University Press, Stanford, 1999

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