No son unas fotos, son fuentes de la Historia del terror que no tuvo límites…

Los retratos de la eterna tiranía

Jean-Marie Simon retrató a la Guatemala de los años ochenta. Los seis años que residió en el país quedaron congelados en miles de fotografías que nos recuerda lo que fuimos, lo que no quisiéramos volver a ser y lo que todavía somos.

Paola Hurtado

El Periódico, 19 de octubre de 2008

Jean-Marie Simon tenía 26 años cuando pisó por primera vez Guatemala, en diciembre de 1980. Venía contratada por Amnistía Internacional (AI) para tomar fotos del Palacio Nacional, que ilustraría un informe sobre cómo los asesinatos políticos se ordenaban desde el Ejecutivo.

La joven estadounidense también se propuso hacer un ensayo fotográfico de la situación política y social de Guatemala. Simon incursionaba en la fotografía y recién había terminado de estudiar lingüística en Ecuador. Calculó que se quedaría tres meses y que sería el principio de una sólida carrera como fotógrafa internacional. Estuvo casi siete años en Guatemala y cuando se fue no volvió ni quiso tomar más fotos.

En enero de 1980 no abundaban los periodistas ni los turistas extranjeros en Guatemala. “Nadie se fiaba de mí. La mitad de la gente creía que yo era ‘oreja’ y el resto pensaba que yo era simplemente una tonta”, relata Jean-Marie Simon en una entrevista telefónica desde Washington, la ciudad donde trabaja y vive.

La joven delgada, de 1.70 metros de estatura, ojos grandes, cabellera negra y nariz griega,  no pasaba desapercibida. “Te van a matar”, le vaticinaban. En los tres meses de su primera estadía cambió de hotel cada semana. Pero pronto descubrió que el pasaporte y el porte de extranjera eran los blindajes más efectivos. Poco a poco consiguió ganarse la confianza de la insurgencia y el Ejército, cuyas fotografías traspasaron fronteras. 

Durante su estadía en Guatemala, Simon capturó imágenes del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP); del golpe de Estado del 23 de marzo de 1982, cuando derrocaron a Romeo Lucas García; de la llegada de Efraín Ríos Montt al poder: primero, con el apoyo masivo de la gente que creía en que habría un cambio, y luego con las denuncias de violaciones a los derechos humanos, de las desapariciones forzadas y de los fusilamientos. El trabajo de Simon se publicó en medios como The New York Times y las revistas Time, Geo y The New York Times Magazine.

Jean-Marie fotografió los campamentos de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA) y participó en el documental de un grupo de finlandeses que filmó cómo se reporteaban los horrores del conflicto en Guatemala.  La cinta Deadline Guatemala es una de las más reveladoras de lo que pasaba en Guatemala en los ochenta y fue testigo de la bomba que soltó un “boina verde” estadounidense, entrevistado en la Escuela Politécnica, cuando les explicó sin remilgos que su trabajo era enseñar la contrainsurgencia al Ejército guatemalteco (desde 1977 Estados Unidos le tenía suspendida la ayuda militar a Guatemala). Sus declaraciones aparecieron en la portada del diario estadounidense The Washington Post.

En 1986, Simon y el periodista Allan Mairn publicaron en el diario estadounidense The New Republic el reportaje Burocracia de la muerte, un artículo que mostró comooperaba el poder militar bajo el régimen civil y cuyos extractos se reprodujeron en algunos medios guatemaltecos.

Dos años después, Simon publicó el libro  Guatemala, eternal spring, eternal tyranny.

Guatemala: Eterna primavera, eterna tiranía. Las 140 fotos y 300 páginas están cargadas de la crítica que podía formarse un foráneo sumergido en un país convulsionado por la violencia, la injusticia, la pobreza y las desigualdades. Se vendieron 20 mil ejemplares en Estados Unidos.

“No fue valentía tomar esas fotos. Era un trabajo: o lo hacía o no”, explica. “Siempre tuve miedo, pero lo superaba. Me decía: o sacas estas fotos o te vas y te escondes debajo de la cama”. 

¿Fue la mejor o la peor época para ser fotógrafo en Guatemala? Jean-Marie medita su respuesta, “si te interesan los horrores fue una buena época. Pero yo nunca me propuse hacer una vida fotografiando las miserias de la gente, solo me involucré y quise presentar fielmente lo que pasaba”, dice. “Siempre creí que esas fotos no ayudaban a nadie. Entiendo que pueden tener un valor histórico, pero cuando veía a la gente tan pobre y dolida pensaba: ¿en qué les va a ayudar esto?”.

Jean-Marie Simon dejó Guatemala en 1987. Su prometido, Ken Anderson, un abogado estadounidense que conoció aquí, se lo había pedido hasta el cansancio: “Te tienes que ir o nunca tendrás una vida propia”. En 1987, el apartamento de Simon era un refugio de perseguidos y desterrados. Ella sabía de sobra que su teléfono estaba intervenido y que el Ejérctio la consideraba una infiltrada de la insurgencia. La fotografía y los informes sólo ocupaban el 10 por ciento de su vida. El resto lo dedicaba  a recaudar dinero a través de agencias internacionales para repartirlo entre proyectos de viudas y huérfanos.

Jean-Marie se identificó mucho con el Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), una organización que comenzaron en 1984 mujeres cuyas parejas fueron secuestradas, y llamaban la atención nacional y extranjera con caminatas y golpeando sartenes. La muerte brutal de dos fundadores del GAM, Héctor Gómez Calito y Rosario Godoy de Cuevas, devastaron en 1985 a los integrantes del grupo, incluyendo a la joven fotógrafa. 

“Me fui. Ya no rendía más. Me dolía todo lo que había visto y fotografiado. Perdí amigos que secuestraron o se exiliaron. Tenía que hacer algo diferente”, recuerda. En efecto lo hizo. En 1988,  Simon ingresó a Harvard a estudiar derecho.

Engavetó sus cámaras, pero  nunca se desligó totalmente de Guatemala. Mientras estudiaba en Harvard montó aquí un programa para estudiantes de derecho. También fue testigo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos  por el caso de la “Panel Blanca” y venía de paseo, aunque muchas de sus amistades y contactos se quedaron congelados en el doloroso recuerdo de los ochenta.

Durante una década Simon ejerció la abogacía y también la dejó. Ahora es profesora en una escuela de Washington, le enseña español a adolescentes. Simon tiene 17 años de casada  y una hija quinceañera. Las miles de fotografías que tomó en Guatemala permanecen guardadas. No volvió a tomar fotos periodísticas.

“El fotoperiodismo se murió con los años ochenta”, justifica. “Los fotógrafos ya no hacen reportajes de un momento político, todo el mundo está mirando la televisión, tenemos Internet, YouTube. La gente ya no tiene la paciencia ni el tiempo para ver un ensayo fotográfico”.

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