La Babel costarricense…

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Cartago fue Babel

Esclavos.  En el siglo XVIII, muchos idiomas se cruzaron en Costa Rica; algunos aún permanecen.

 

Eugenia Ibarra

La Nación, 22 de febrero de 2009

 

Ese 14 de octubre de 1744, en las cercanías de la desembocadura del río Reventazón, una piragua se movía en silencio. No estaba de más el sigilo pues en la canoa iban catorce fugitivos: negros, indígenas, mujeres, hombres y hasta un recién nacido. Habían huido de la isla de San Andrés -dominada por los ingleses- donde habían sufrido maltratos.

Esas personas habían sido compradas como esclavos para que trabajasen para los ingleses, y tenían distintos orígenes. Al frente del grupo iba un esclavo nacido en Angola. Él conocía la ruta por haber venido antes con su amo a comprar cacao en Bocas del Toro.

Los acompañaba María Francisca, una negra que sería la intérprete de los fugitivos -de habla inglesa o mosquita- cuando se encontrasen con las autoridades de la provincia de Costa Rica. Además, viajaban indígenas de Nicaragua, un esclavo negro de Guinea y otros dos “de casta ibo y monco”, también originarios de África.

Otro prófugo era un indígena de Talamanca, quien, a los 8 años, había sido robado por los zambos mosquitos en una de las correrías de estos cuando dominaban las costas de Honduras, Nicaragua y Bocas del Toro (Panamá), y cuando robaban cacao en Matina.

Los ingleses -enemigos de los españoles- dominaban varias islas del Caribe y habían llegado a un acuerdo con los mosquitos: estos secuestrarían a otros indígenas centroamericanos, los llevarían a Jamaica y a otras islas, y los ingleses les pagarían con armas y municiones.

Los secuestrados trataban de huir antes de que los enviasen a Jamaica, y los prófugos se aparecían en la costa caribeña de nuestro país hablando idiomas ajenos a los de nuestro territorio.

Por su parte, esclavos de los ingleses huían en piraguas y también llegaban a nuestras costas hablando inglés o dialectos derivados de él. Todos esos fugitivos arribaban al Caribe de Costa Rica, generalmente de Moín hacia el norte.

Por venir de lugares habitados por enemigos de España (ingleses y zambos mosquitos), esos sorpresivos inmigrantes eran interrogados por los oficiales españoles apostados en el fuerte de San Fernando (Matina) y en el mismo Cartago. Había que asegurarse de que no eran espías del enemigo.

Casi nadie de los así llegados hablaba español, y esto impedía la comunicación entre ellos mismos y también con los oficiales del gobierno. Aquello era Babel.

¿En cuál idioma se hablarían los fugitivos? Menudo lío se les presentaba también a los españoles ante la presencia de idiomas indígenas, africanos y del inglés.

Intérpretes. Documentos del Archivo Nacional de Costa Rica revelan que María Francisca hablaba a todos los compañeros de viaje “en lengua”; es decir, la miskita. La conocían pues habían sido prisioneros de los indígenas mosquitos. María Francisca entendía algo de español, pero no como para realizar el interrogatorio oficial en ese idioma.

Se dice que ninguno de los 14 esclavos fugitivos hablaba español. Por tanto, las autoridades decidieron que se les formulasen las preguntas en miskito y en inglés, y que las respuestas se tradujeran al español por el intérprete Manuel García de Argueta, negro esclavo del sargento mayor Julián García de Argueta. El intérprete “era entendido en la lengua inglesa y mosquita”.

Manuel García había sido prisionero de los zambos mosquitos y se había escapado a Matina, lo que explica que conociera los dos idiomas. Al sargento mayor le convenía tener cerca este tipo de personas por su condición de intérpretes. Solo unos pocos años antes, en 1742, este oficial se había apropiado de José Manuel Sánchez, otro esclavo huido de los zambos mosquitos.

En el caso que recordamos, el papel de intérprete de Manuel García de Argueta era fundamental. Él vivía en la ciudad de Cartago y hablaba también español. Sin embargo, hubo conocedores de miskito, inglés y español en el fuerte de San Fernando de Matina, donde los oficiales iniciaban el interrogatorio a los inmigrantes antes de enviarlos a la ciudad a cumplir formalmente con el requisito de las declaraciones. Luego serían remitidos a poblar zonas de Curridabat, de Ujarrás o del “valle de Iscazú”.

Así, no fue raro escuchar el miskito en Cartago. Además, en la Puebla de los Pardos había hablantes de otras lenguas indígenas -como bribri o cabécar-, lo que presenta un panorama culturalmente diverso. De tal modo, Cartago fue un espacio multilingüe, particular en la historia colonial.

Debido al despliegue de los zambos mosquitos, la lengua mosquita (o miskita) también era conocida por algunos pobladores de ciertas islas del Caribe (como Jamaica y San Andrés), de la bahía del Almirante (Panamá) y de las costas hondureña, nicaragüense y costarricense.

Un ejemplo del impacto de ese idioma en nuestro país y en Panamá son los nombres miskitos de Cahuita y Changuinola y del río Sixaola.

Crisol de idiomas. Por su parte, los zambos mosquitos aprendieron muy pronto a hablar inglés, incluso mejor que el español. Se sabe que los reyes moscos disfrutaban de la lectura de Shakespeare en inglés, y su correspondencia política del siglo XVIII está en ese idioma. Algunos de ellos quizá pudieron escribir las cartas que conocemos, aunque también pudo haber escribas e intérpretes que los ayudasen. Cuando a Cartago llegaban documentos de los reyes moscos, el gobernador buscaba un intérprete que comprendiera el inglés.

Lo que ocurría en el mar Caribe y en Cartago en el siglo XVIII confirma que el idioma dominante se vincula estrechamente con los grupos poderosos y sus actividades políticas y económicas. La historia de Costa Rica ofrece más ejemplos de esto.

En los siglos XV y XVI, la diversidad lingüística también fue un rasgo entre los cacicazgos indígenas. En el territorio de la actual Costa Rica, el huetar se empleó como la lingua franca : el idioma general por el que se entendían los indígenas, aunque sus propias lenguas fuesen otras.

Juan Vázquez de Coronado lo sabía; por esto, en 1564, viajó por el territorio de nuestro país con intérpretes huetares que lo ayudaron a comunicarse con los indígenas hablantes de otros idiomas. La Costa Rica de aquellos tiempos fue un mosaico lingüístico.

Todo eso resulta sorprendente, pero recordemos las migraciones llegadas a la zona del actual Guanacaste, en el año 900 después de Cristo. Las conformaron personas de orígenes mesoamericanos, quienes introdujeron varios idiomas más a estas tierras, como el chorotega y el nicarao.

En la actualidad han desaparecido numerosos idiomas de los mencionados, como el huetar, pero queda su recuerdo en topónimos como ‘Orosi’, y en vocablos como ‘yigüirro’ y ‘güitite’. Otros idiomas sobreviven, como el guatuso o maleku (en Guatuso), y el bribri y el cabécar (en Talamanca). Hoy se hacen enormes esfuerzos por rescatar esos y otros idiomas, como el boruca.

Desde tiempos remotos, Costa Rica se caracteriza por haber recibido a muchos inmigrantes, y los idiomas que ellos han empleado evidencian nuestra complejidad histórica. Las lenguas indígenas y europeas se enriquecieron con vocablos africanos. Todas esas expresiones han matizado nuestra historia y le han dado una enorme y diversa riqueza cultural.

 

LA AUTORA ES ANTROPÓLOGA E HISTORIADORA. ES PROFESORA EN LA ESCUELA DE ANTROPOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA.

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