Entrevista al Dr. Jorge Mario García Laguardia

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 “La política fue la que se alejó de mí”

Se considera socialdemócrata auténtico, no “falso” como los que en la actualidad aparecen en el escenario nacional.

 

Prensa Libre, 23 de mayo de 2009

por Francisco Mauricio Martínez.  Fotos: Daniel Herrera

 

En su residencia de la zona 12, el académico Jorge Mario García Laguardia, de 77 años, se dedica a lo que siempre le ha gustado: investigar y escribir sobre derecho constitucional e historia política. Además, ejerce la docencia en posgrados de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), de donde se graduó en 1954. Su ideología de izquierda, que principió a formar en pleno triunfo de la Revolución de Octubre (cuando tenía 12 años), aún permanece intacta.

La meta que todavía no ha podido cumplir es escribir una novela, pese a que considera que tiene suficiente material para hacerlo. “Los ex presidentes del país, por ejemplo, son personajes novelescos”, afirma.

A continuación, nuestra conversación con el ex presidente de la Corte de Constitucionalidad y ex procurador de los Derechos Humanos de Guatemala.

 ¿Cómo se inició en la jurisprudencia?

Me gradué de abogado en la Universidad de San Carlos durante el gobierno de Carlos Castillo Armas, quien empezó una persecución política en mi contra. En ese entonces, el decano de la facultad era el doctor Adolfo Molina Orantes, quien a pesar de que era muy conservador y partidario de Castillo, respetaba mucho a los estudiantes, por lo que aceptó organizar mi examen el 15 de agosto; día de feria en la capital. Dos días después, tuve que exiliarme en la embajada de México, para salir del país por primera vez. Creo que la gente de Castillo Armas, y de los Estados Unidos, que utilizó para derrocar a (Jacobo) Árbenz, pretendían hacerme daño, pero al final me hicieron un favor porque, cuatros meses me inscribí en un doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México, con la tutoría del gran jurista Mario De la Cueva. Fue así como obtuve un doctorado en Derecho Constitucional y Administrativo. Después, viajé a Florencia, Italia, con una beca que me dio el Gobierno de ese país. Esta subvención también la obtuvieron algunos de mis compañeros, tal fue el caso de Manuel Colom Argueta y Adolfo Mijangos.

 ¿Qué hizo al regresar?

Con Manuel Colom, Adolfo Mijangos y un grupo de amigos organizamos la Unidad Revolucionaria Democrática, que era el partido socialdemócrata y por el cual nos persiguieron. Mijangos fue electo diputado por la capital, y seis meses después fue asesinado. Colom fue alcalde, y yo fui candidato a diputado por Quetzaltenango. Con ellos, éramos socios en una oficina, por lo que tuve que regresar a México, que es mi segunda patria, donde me contrataron para trabajar como profesor e investigador y donde ejercí mi carrera académica durante 20 años.

Cuando sucedió la transición democrática (1986), los de la Democracia Cristiana Guatemalteca, que había ganado las elecciones, me llamaron para integrar el nuevo Gobierno. Debo resaltar, a propósito de que se discute el nombramiento de los nuevos magistrados de las cortes, que en nuestro tiempo no solicitábamos los cargos. En mi caso, el presidente Cerezo me llamó a México y me solicitó que integrara la primera Corte de Constitucionalidad (CC), pero yo no podía en ese momento, porque tenía un compromiso con la Universidad de Costa Rica, donde dirigía un programa de elecciones en el Instituto Interamericano de Derechos Humanos; entonces, me nombraron magistrado suplente, por lo que venía esporádicamente para integrarla.

Cuando terminó el período, la Corte Suprema de Justicia me nombró magistrado titular de la CC; de esa cuenta regresé a Guatemala, pero antes pedí mi jubilación de la universidad de México. Por el autogolpe de Estado (de Jorge Serrano Elías) no terminé el período, porque el Congreso designó al procurador de los Derechos Humanos, Ramiro De León, como presidente de la República; entonces, los miembros de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso me propusieron dirigir la Procuraduría de Derechos Humanos. De tal manera que fui funcionario, pero sin compromisos, de lo contrario hubiera preferido quedarme en México.

 ¿Continúa fiel a la ideología de izquierda?

Soy socialdemócrata auténtico, no falso como los que hoy aparecen en el escenario nacional. En mi generación estuvieron Colom Argueta, Mijangos, Héctor Zachrisson y Roderico Segura, con quienes, por medio del Partido Social Demócrata, tratamos de impedir el enfrentamiento armado que se veía venir, al establecer un gobierno de centro-izquierda que sirviera de árbitro entre los grandes intereses y las grandes necesidades de la mayoría de la población.

 ¿Qué significa ser auténtico socialdemócrata?

Ser un político que tiene como proyecto establecer un Estado fuerte, que sirva de árbitro entre los grandes intereses de los necesitados y los pequeños grupos poderosos, para lograr una distribución más equitativa de la riqueza del país.

Eso era necesario en ese momento, porque la oligarquía económica del país era la más reaccionaria del mundo, lo que hacía prever el conflicto armado; pero los grupos conservadores cerraron la posibilidad de que sus adversarios participaran en política.

 ¿A qué se dedica en la actualidad?

Soy un académico, profesor e investigador de derecho constitucional y de historia política. Estoy por terminar mi libro sobre la Constitución Política de 1945. Tengo en proyecto la segunda edición de Derecho Procesal Constitucional, y estudio, de forma cuidadosa, escribir sobre los derechos culturales indígenas en el derecho constitucional guatemalteco, tema sobre el cual nadie ha escrito.

¿Por qué se alejó de la política?

Mucha gente me lo pregunta y le respondo: “La política fue la que se alejó de mí”. La que se practica en la actualidad ya no es la mía, puesto que no va con mi formación de valores democráticos, moral ciudadana y amor al país. Me parece muy falsa, por lo que mejor me dedico a la política general de izquierda, que no significa estar en contra de los ricos, pero sí a favor de los pobres, que son los más necesitados.

Si le ofrecieran un cargo público, ¿lo aceptaría?

No. Algunos partidos me han ofrecido encabezar sus listas, pero son grupos a los cuales no represento, y estoy seguro de que al otro día ya tendríamos dificultades. Si hubiera un gran movimiento nacional, aunque creo que ya no tengo edad para eso, lo único que aceptaría sería una presidencia, para tener facultades de hacer reformas en favor de los pobres. Aquí los ricos ya no necesitan nada, tienen todo; más de lo que merecen.

¿Está satisfecho con lo que ha hecho durante su vida?

Solo ser presidente me falta (risas), y no veo ninguna condición para que eso se produzca. Estoy satisfecho con lo que ya he realizado y lo que estoy haciendo. Lo único que me queda es terminar mis tres libros.

¿Qué clase de estudiante fue?

Bueno, por eso estoy satisfecho y orgulloso. Siempre he sido de los buenos donde he estado (risas), por eso me siento lleno.

¿Fue huelguero?

Los chistes y ataques anónimos nunca me interesaron. Yo participaba como un estudiante más, incluso me ponía, junto a los compañeros, unas borracheras prehispánicas (risas). Ese evento no me gustaba por varias razones, entre ellas, porque eran controladas por los grupos adversarios de la Revolución, debido a que como no habían universidades privadas, los estudiantes que provenían de la clase alta —que después fueron funcionarios de los gobiernos conservadores— eran los grandes activistas de la Huelga de Dolores, lo cual no me era simpático.

¿Cómo se divertían en esos años?

Mis amigos eran intelectuales natos, o que iban por ese camino. Me refiero, por ejemplo, a Carlos Navarrete, Antonio Fernández Izaguirre, Roberto Díaz Castillo y Antonio Móbil. Teníamos grupos de estudio, pero no de Derecho, sino de literatura europea, norteamericana y latinoamericana, quizá por eso los grandes escritores salieron de esta facultad, como Miguel Ángel Asturias, Flavio Herrera, Virgilio Rodríguez y Adrián Recinos. Fuimos una generación bohemia que tuvo tiempo para todo; desde leer bibliotecas enteras hasta recorrer las cantinas y burdeles de la capital. En esa época no habían cafés donde platicar. No íbamos a emborracharnos, sino a discutir y analizar libros y enterarnos de las novedades.

La bohemia pasó algunas veces a “bolemia”?

Por supuesto, pero nunca como un problema personal, porque no era un fin, sino un medio para vivir y sobrevivir.

¿Qué lugares frecuentaban para beber?

Ya no creo que existan. Por ejemplo, el bar Madrid y el de doña Licha, que estaba en la 4a. avenida y 16 calle. Realmente no eran muchos, porque la ciudad tenía como 200 mil habitantes; en la facultad de Derecho éramos 250 estudiantes. También estaba El Portalito, donde tomábamos cerveza y escuchábamos marimba.

Cuentan que a ese bar iba Miguel Ángel Asturias.

Es cierto, y no solo él, sino todos los intelectuales de esa época, como Manuel Galich, Otto Raúl González, Carlos Illescas y Flavio Herrera, porque era la única cantina tipo española que había. Era un lugar para ir a comer con la familia, o la pareja, el resto de negocios eran cantinas de trago barato, donde las mujeres no ingresaban.

¿Es cierto lo que dijo Asturias, que en el país “solo se podía vivir borracho”?

Creo que es mentira, porque Miguel Ángel demostró con su vida personal lo duro que es este país. Llegó a ser un gran novelista y ganó el premio Nobel de Literatura con una formación como la mía o como la de otros compañeros, aunque claro que le ayudó su vida en Europa. Siempre he creído que eso es mentira, sobre todo en la forma como lo repiten algunos, porque si uno vive borracho nunca logra hacer nada. Cuestión aparte es la bohemia que enriquece aquí y en cualquier parte del mundo; para ser un intelectual auténtico hay que ser bohemio.

En la Radio Universidad de México trabajé como periodista en las secciones de cultura y política, lo que me permitió entrevistar a personajes como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Octavio Paz, Daniel Cosío Villegas y Asturias. Creo que fui el último guatemalteco que entrevistó a Asturias, porque cuando regresó a Francia se enfermó y falleció. Esta entrevista también fue publicada en el diario El Gráfico.

¿Alguna vez ha pensado en escribir una novela?

Soy un novelista frustrado, porque muchas cosas las veo con sentido literario, pero nunca he escrito una novela. Espero que mis memorias, que pienso escribir después de mis tres libros de derecho, sean una buena novela.

¿Lo dice porque considera que tiene el conocimiento necesario y lo único que le falta es sentarse a escribir?

Así es. Cuando éramos muchachos queríamos ser novelistas. Hace un tiempo nos reunimos en mi casa de Antigua, para tomarnos unos tragos, y hablamos de que el único que había logrado escribir una novela fue Carlos Navarrete, que es arqueólogo; en ese sentido soy un novelista frustrado.

Si lo hiciera, ¿sobre qué escribiría?

De lo que me ha tocado vivir. La política de Guatemala es una novela y aún más sus personajes, desde Mariano Gálvez, Justo Rufino Barrios, Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz. Castillo Armas, por ejemplo, es un personaje novelesco por su traición y por meterse en una aventura en la que fue asesinado por los mismos a quienes sirvió. Una de mis especialidades es la historia política, y por eso creo que tendría mucho material, pero creo que ya no tengo tiempo. En mis memorias voy a hablar bien de mí, y mal de todos, con algunas excepciones, entre ellas, usted (risas).

 

Trayectoria

 Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Doctor en Derecho Constitucional y Administrativo por la Universidad Nacional Autónoma de México. Estudios de Derecho Constitucional y Ciencia Política en la Universidad de Florencia, Italia.

  • Director de la Escuela de Ciencia Política de la Usac. Jefe del área de Historia del Derecho del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Director fundador del Centro de Asesoría y Promoción Electoral —Capel— del Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Costa Rica.
  • Presidente de la Corte de Constitucionalidad. Procurador de los Derechos Humanos y presidente del Consejo de Procuradores de Derechos Humanos de Centroamérica.
  • Autor de varios libros, entre ellos: Orígenes de la democracia constitucional en Centroamérica, La Reforma Liberal en Guatemala y La defensa de la Constitución.
  • Actualmente es secretario del comité directivo del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional.
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