Parte del contenido de la conferencia impartida por la colega Roxanne Dávila en la Academia de Geografía e Historia de Guatemala.

La obra de Juan Galindo

Este personaje empleó sus conocimientos en arqueología y antropología para promover la identidad de la Federación Centroamericana.

POR ROBERTO VILLALOBOS

FOTOARTE: DÉNNYS MEJÍA

Prensa Libre, 9 de agosto de 2010

Históricamente, la exploración arqueológica maya empezó con el estadounidense John Lloyd Stephens y el inglés Frederick Catherwood, autores de los dos volúmenes de Incidents Of Travel In Central America (1841) y de dos tomos dedicados a la península de Yucatán. Asimismo, la obra de Alexander von Humboldt marcó otro punto esencial en la construcción de la identidad histórica de la zona.

Sin embargo, privilegiar las obras anteriores en el canon de los estudios mayas descarta o minimiza, con frecuencia, la importancia de otros investigadores, tal es el caso del general Juan Galindo, un irlandés de familia católica, nacido en 1802, quien emprendió el viaje hacia la Federación Centroamericana en 1827 en busca de asilo frente a la injusticia de Gran Bretaña hacia los irlandeses.

El siguiente es un estudio realizado por la historiadora Roxanne Dávila, de la Universidad de Tulane de Nueva Orleans, EE. UU., el cual expuso en la conferencia Forjando un Estado (1830-1839): La obra de Juan Galindo frente al proyecto decimonónico de Mariano Gálvez, en la Academia de Geografía e Historia de Guatemala.

Su estancia

Una vez en territorio guatemalteco, Juan Galindo se incorporó a la vida política al aceptar un puesto como secretario y traductor para el consulado británico en Guatemala. En 1829 se hizo miembro del ejército liberal bajo el mando del general Francisco Morazán, en el cual ascendió con rapidez. Ese mismo año se naturalizó “centroamericano” y afirmó su lealtad a aquel partido. Además, se integró a la Sociedad Económica de Amigos del País, un núcleo para el diálogo cultural, económico y político de los intelectuales, artistas y políticos más ilustrados de la nación. Esa agrupación también planteaba y discutía las ideas fundamentales para la construcción del Estado guatemalteco.

Galindo tuvo especial participación en las discusiones sobre los cultivos de caña, azúcar, café, té y quina, así como en la promoción de un puerto en el océano Pacífico y su respectivo paso hacia la capital.

En esas reuniones se dio cuenta de la importancia de las sociedades letradas y científicas para fomentar el apoyo intelectual hacia proyectos políticos y nacionalistas.

En 1831 fue nombrado gobernador militar del Petén, y tres años más tarde recibió una concesión de tierra como parte del proyecto de colonización bajo el mandato de Mariano Gálvez.

Su trayectoria como explorador e investigador empezó en 1831, con su visita a las ruinas de Palenque. De esa forma inició una extensa correspondencia con las sociedades científicas de Europa y de Estados Unidos. En octubre de ese año visitó Yaxhá, un viaje que volvió a hacer en 1836. Continuó con sus exploraciones arqueológicas en 1839 en la zona del Río Motagua, donde visitó y describió por primera vez las ruinas de Quiriguá. Esto es relevante, pues el descubrimiento es atribuido al inglés Frederick Catherwood, quien las visitó en 1840, y que posteriormente fueron descritas también por John Lloyd Stephens, asegura Dávila.

Pero el punto decisivo en la trayectoria arqueológica y política de Galindo fue, sin duda, su paso por las ruinas de Copán, para la cual fue nombrado a cargo, según Comisión Oficial de 1834, firmado por el Estado dirigido por Mariano Gálvez.

El Jefe de Estado estableció las metas de las expedición de esta manera: “… ningún paso puede darse más interesante en la historia que el de reconocer estos antiguos edificios, sacando de ellos vistas y rasgos topográficos… que sufren cada vez más las influencias del tiempo y de los hombres que no conocen el precio de su consideración…”

“Aquella información pretendía hacer una conexión entre la historia antigua y el orgullo nacional”, refiere la investigadora Dávila.

Galindo recopiló datos estructurales de aquel sitio, así como de Iximché y Utatlán; trazó planos, dibujó y describió la dimensión y situación de las edificaciones.

Dávila afirma que esas expediciones, así como el Atlas guatemalteco en ocho cartas (1832) —efectuado por Miguel Rivera Mestre—, y las Expediciones científicas para la exploración de Copán, Iximché y Utatlán, sirvieron para subrayar la importancia del discurso histórico y geográfico en la construcción de la nación bajo la administración de Gálvez. “El objetivo intelectual de Galindo fue promover proyectos de desarrollo y de modernización”, dice Dávila.

Sociedades letradas

En las primeras décadas del siglo XIX, las sociedades científicas —que estaban en todo el mundo— eran las responsables de la solicitación, recolección, diseminación y publicación de las investigaciones relacionadas a temas intelectuales. Los investigadores y exploradores, nombrados socios o miembros correspondientes, enviaban cartas e informes a tales sociedades, con la esperanza de que sus documentos fueran leídos en las tertulias de los grupos letrados. En aquellos tiempos, leer cartas profesionales de forma pública se convertía en un acto de publicación.

Con esta red internacional era posible la diseminación de información sobre temas relacionados con la geografía, historia natural, historia y los estudios anticuarios y arqueológicos. En este mundo se involucró Juan Galindo, quien principalmente enviaba informes a la American Antiquarian Society en Worcester, Massachusetts; a la Royal Geographic Society de Londres y a la Societé de Géographie de París (SGP).

Esta última fue de especial interés para Galindo, pues la revista de esa agrupación —llamada Buletin de la Societé de Géographie— en 1826, ofreció dos mil 400 francos de oro para las mejores descripciones de las antiguas ruinas mayas, en las cuales debía incluir la mejor información histórica de Palenque, Copán, Utatlán, Mixco y Petén.

Galindo intercambió correspondencia con la SGP entre 1830 y 1839 —con un total de 34 cartas—, con análisis de Palenque, Copán, Yaxhá y Utatlán, así como descripciones geográficas y topográficas de Centroamérica. Además, efectuó informes etnográficos, culturales e históricos de todos los estados de la Federación Centroamericana, e hizo descripciones especiales de la región petenera, con el fin de resaltar las ventajas de esa zona para el comercio, la industria y la investigación científica.

Con esa correspondencia buscó el apoyo internacional para el proyecto de Gálvez.

Al final, Galindo no pudo ganar el premio anunciado, aunque sí le fueron concedidos dos premios de plata, uno en 1836 y otro póstumo en 1840.

Otros intereses

En 1834, Mariano Gálvez otorgó a Galindo una concesión de tierra en la región petenera —casi un millón de acres—, la cual se extendía desde Río Hondo hasta el río Belice.

El mandatario también firmó otras dos concesiones: una a Thomas Gould del Eastern Coast Of Central America Commercial And Agricultural Company —en Verapaz y casi todo Petén— y a Marchal Bennett y Carlos Antonio Meany, en Chiquimula, Totonicapán y una franja de tierra al norte del Lago Izabal.

Dichas cesiones de tierra eran parte del proyecto nacional de Gálvez para la colonización extranjera, pues de esa forma “se fomentaría el desarrollo económico y la modernización”, principalmente con la importación de nuevas ideas y técnicas para cultivar.

Esto, de hecho, fue la razón por la cual hubo una ola de inmigración alemana en la segunda mitad del siglo XIX y de la presencia dominante de la United Fruit Company en los siglos XIX y XX.

En tanto, el trabajo de Galindo fue promover en el extranjero este conjunto de ideas de Gálvez, y lo hizo a través de las sociedades intelectuales para las que escribía.

Incluso, en una carta, Galindo ofreció donarle a la SGP parte del territorio que se le había concedido, en nombre del estudio científico. En ella, “invita a un intelectualismo colonial —venir a estudiar los recursos y las ruinas, porque la gente local no puede— para fomentar la modernización rápida de la nación”, indica Dávila.

Su meta era cumplir con los requisitos de su concesión y poblar la zona a como diera lugar. Como menciona Dávila, “la obra de Juan Galindo representa un esfuerzo deliberado de usar la arqueología y un discurso antropológico para promover la identidad del Estado de Guatemala y la Federación Centroamericana en el extranjero”.

Galindo murió en batalla en 1839, en defensa del gobierno liberal.

Ilustración basada en documentos originales de Juan Galindo, hoy propiedad de la Societé de Geographie de Paris, y un retrato conservado por R. H. Shepard.

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