La caída de Madriz o el fin del proyecto autonomista del liberalismo (1910-2010)

La caída de Madriz o el fin del proyecto autonomista del liberalismo (1910-2010)

Un centenario y dos revoluciones

Rafael Casanova Fuertes*

El Nuevo Diario, 4 de septiembre de 2010

El pasado 20 de agosto se cumplieron cien años de la renuncia del Dr. José Madriz a la Presidencia de la República, que fue a su vez el fin del primer proyecto autonomista impulsado por el general José Santos Zelaya desde julio de 1893. Los esfuerzos realizados desde el año pasado por parte de quien escribe, en función de que este acontecimiento no pasara inadvertido como hecho histórico y se hiciera una especie de panel, mesa redonda, etc., sobre el mismo, no encontraron eco, en una comunidad profesional encasillada en una visión partidizada de acontecimientos que pertenecen por su trascendencia a la historia del país, con independencia de las posiciones político-ideológicas que ostenten en el presente los distintos académicos e instituciones estudiosas de los procesos históricos.

En las siguientes líneas no vamos a exponer un estudio exhaustivo de los entretelones de los mencionados sucesos, sino que comenzaremos por una comparación entre otro acontecimiento; pasaremos a hacer primero una visión comparativa de otro suceso más cercano, pero de trascendencia similar, como fue la Revolución Popular Sandinista, el gran segundo proyecto de construir un Estado Nacional autónomo. A continuación la perspectiva de los protagonistas individuales, tanto de quienes estuvieron en el campo de la Revolución Liberal como de quienes actuaron en su contra.

Dos revoluciones: un enemigo común

En la historia contemporánea del país se registraron dos acontecimientos que en términos convencionales son conocidos como la Revolución Liberal (1893 – 1910) y la Revolución Popular Sandinista (1979-1990). Con independencia de cuáles puedan ser los criterios de apologistas y detractores de tales eventos, se puede asegurar que ambos procesos fueron los dos grandes experimentos que se orientaron por la vía de construir una alternativa autónoma de desarrollo nacional. Registran esta similitud, aun cuando ostentan diferencias sustanciales en el tiempo histórico y en su contenido y forma.

La Revolución Liberal, encabezada por el Gral. José Santos Zelaya, representó el ascenso al poder de una burguesía agrícola que impulsó profundas reformas políticas, como la separación de la Iglesia y el Estado; la laicización y ampliación de la educación en los distintos niveles; la creación de importantes obras de infraestructura (telégrafos, vapores, ferrocarriles, los puertos de aguas profundas); la unidad y defensa del territorio nacional (incorporación de la Costa Atlántica en 1894, el intento frustrado en 1909 de comunicar el Atlántico con el Pacífico, etc.); la creación de instituciones políticas modernas (los ministerios , la Academia Militar, el Archivo y la Biblioteca Nacional, etc.).

86 años después, en julio de 1979, en medio de una gran euforia como producto también de una insurrección armada contra el sistema, un grupo de jóvenes entusiastas organizados en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), inició en otro tiempo histórico un proceso de profundas reformas sociales y políticas, tales como el pluripartidismo, el no alineamiento en términos de relaciones internacionales; la economía mixta, la reforma agraria, la educación gratuita en todos los niveles, gratuidad también de la atención médica a través del Sistema Único de Salud, etc. Esta generación de revolucionarios representó a las clases populares, y a diferencia de los revolucionarios burgueses liberales, optaron desde su formación como alternativa política por un modelo de carácter socialista.

En los procesos en su expansión interna, si bien son evidentes las diferencias político- ideológicas, además de las temporales, tuvieron como elemento común que ambos procesos fueron atacados y frustrados por la intervención militar, política, económica e ideológica de los Estados Unidos de América. La nota Knox –planteada primero a Zelaya en 1909– y después la amenaza del Departamento de Estado a su sucesor Madriz, en agosto de 1910, de considerar un acto de guerra contra EU el ataque de las fuerzas del gobierno a los rebeldes conservadores pro yanquis, rodeados por mar y tierra en sus tres únicas posiciones: El Rama, Laguna de Perlas y Bluefields. Éstas fueron declaradas zonas neutrales para evitar la derrota total de los mismos. Protegidos por tropas de la marinería yanqui, los rebeldes –carentes de apoyo popular en el resto del país– se abastecían y se apoderaban de los recursos de las aduanas bajo la protección del “Paduca”, un buque de guerra norteamericano. Madriz, aun con todo esto, tenía evidentes ventajas sobre los acorralados rebeldes, y se vio obligado a renunciar el 20 de agosto de este año, entregando la presidencia en manos de José Dolores Estrada, hermano del rebelde liberal Juan José Estrada. Así fue como la contrarrevolución conservadora pudo imponerse con el apoyo moral y material de EU. Así llegó a su fin el proyecto autonomista de los liberales en 1910.

En 1990, la Administración guerrerista de George Bush, al igual que sus antecesores en 1910, en medio de una vasta campaña mediática contra el proyecto sandinista, chantajeó en esta ocasión no a los mandatarios sino al pueblo nicaragüense. El chantaje consistió en que si ganaba el FSLN las elecciones, continuaría la guerra contrarrevolucionaria apoyada y financiada por la CIA, y la población cansada de guerra optó por la paz. Los conocidos resultados electorales permitieron el retorno al poder de una contrarrevolución conservadora, que encubierta con un ropaje de civilismo, al igual que en 1910, inició una retromarcha al progreso histórico del país. Entre otras cosas, puso en práctica el desmantelamiento de los beneficios sociales de la Revolución.

En fin, fue y ha sido la intervención norteamericana hasta nuestros días el mayor obstáculo externo para que este país emprenda un auténtico desarrollo y progreso social sin interferencias externas. Pero hasta aquí puede surgir una pregunta: ¿estuvieron los actores políticos de 1910 en condiciones de interpretar los móviles de la intervención?, pero, además, ¿cuál fue la percepción de las fuerzas conservadoras que apoyaron la intervención y cómo la justificaron?

Zelaya ante la intervención

Mucho se ha escrito sobre la personalidad de Zelaya, pero la mayoría de las veces los narradores se limitan a exaltar las reformas progresistas de su época, y muy poco se dice sobre su postura y sus razonamientos ante la intervención estadounidense. Es más, muy recientemente el académico suizo Michel Gobat lo presenta como “un americanista”. En verdad Zelaya, como los liberales de su tiempo, consideró la inversión extranjera como fuente de progreso y desarrollo. Pero esto no significa que haya pensado enajenar la soberanía nacional como lo hicieron sus oponentes.

Antes de estos sucesos, Zelaya y los integrantes de su Administración se dieron cuenta de que las compañías extranjeras no eran lo que él había pensado al inicio. Con el seudónimo de Plutónomo, en 1902 se dio a conocer esta reflexión:

Es oportuno aquí señalar que los autores principales de esta ruina de la nación son en su mayor parte extranjeros a quienes no importándole que el pueblo gima en la miseria más espantosa, en tanto que el Gobierno se halle imposibilitado de ponerle coto a sus desafueros, proseguirán sin duda imperturbables en su tarea de explotar como un rico filón el agio llevado a su más exageradas manifestaciones, a costa de un pueblo que al parecer no se da siquiera cuenta de lo que está pasándole por más que lo enerven y lo desmayen sus efectos. (Plutónomo, 1902, p. 20 ).

Años después, la Casa Emery, al no cumplir sus obligaciones fiscales, provocó un largo conflicto, aprovechado por la dirigencia norteamericana para presentar al Gobierno de Zelaya como un elemento conflictivo ante la opinión norteamericana. Zelaya, en 1910, ya fuera del poder y en el exilio, razonó sobre cuál era el papel de Estados Unidos en Nicaragua y en América Latina. Esto lo deja claro en el siguiente fragmento:

Los Estados Unidos cuyo imperialismo es ya demasiado famoso, desde hace tiempo venían persiguiendo ejercer allá un protectorado y apropiarse principalmente de la faja del Canal por territorio nicaragüense para lo cual no encontraban facilidades con el presidente Zelaya, puesto que este exigía ante todo que se garantizase la soberanía de Nicaragua y, además una cantidad correspondiente a la importancia de la concesión. Apresuráronse a aceptar ofrecimientos de Estrada Cabrera, y desde luego diéronles toda clase de facilidades para que por si, y en nombre de ellos, llevase la revolución a Nicaragua. Para ello se indujo a la traición al gobernador del departamento de Zelaya, general Juan J. Estrada, a quien se ofreció la presidencia de la república, y dar como en efecto lo ha n hecho, todos los elementos necesarios (dinero, armas y gente) para lograr el éxito (Zelaya, 1910, p.7).

Zelaya estuvo claro desde el principio, de que esta contrarrevolución encabezada por Estrada era inventada y creada por Estados Unidos, y de que su gestión, con independencia de los defectos que tuviera, gozaba de respaldo popular:

Como se ve por los documentos anteriormente reproducidos, el país entero por medio de sus principales ciudadanos, se puso desde el primer momento del lado del gobierno. De los trece departamentos de la República doce estuvieron de parte de Zelaya. (Zelaya, 1910, p.24).

Desde su perspectiva ideológica que correspondía en su tiempo histórico a los de un liberal nacionalista, Zelaya hizo propia, antes que Zeledón y Sandino, una posición antiimperialista al identificarse plenamente con el antiimperialismo más radical de su tiempo. En su obra-protesta, publica textualmente este comunicado de los residentes centroamericanos en México:

El crimen de Zelaya para con el gobierno americano no es otro que el de defender la autonomía de Nicaragua contra los avances del imperialismo; y en este sentido, cuanto más execrado sea el gobierno de Zelaya por el americano, mayores simpatías tendrá entre los pueblos de Centroamérica, y aun de toda la América Latina. Cualquiera que sean por otra parte sus errores y sus defectos y porque nosotros, que formamos una colectividad (residentes centroamericanos en México) con opiniones personales muy diferentes respecto a la apreciación que nos merece por separado el Presidente Zelaya (…) estamos completamente de acuerdo que este gobernante en la actual emergencia, representa la causa de la dignidad de la independencia de América Central en contra de un Gobierno hostil a su soberanía. (México DF, 11 de dic. de 1909 de C. centroamericanos al Sr. Philander Knox En Washington DC: En JSZ p. 81).

Los conservadores y la intervención de EU

Los caudillos conservadores de este movimiento contra Zelaya: Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro, Carlos Cuadra Pasos y otros, desde mucho antes de estos acontecimientos habían pensado en un acercamiento con EU para colocar al país bajo su égida. En su autobiografía Chamorro confesó muchos años después de ocurridos los hechos:

Puede ser que con el sereno análisis que Adolfo (Díaz) hacía de todos los elementos presentes de un problema y el examen realístico de sus factores llegara al convencimiento de que la política norteamericana con relación a Nicaragua daría frutos a la larga que la orgullosa nacionalidad salpicada de sangre que hemos padecido (…) creo que Adolfo descartaba las cuestiones muy particulares de patriotismo con la crudeza de un científico. (Selser, 2001, p.11).

Pedro Rafael Cuadra, otro miembro de la oligarquía conservadora, justificó la intervención de la siguiente manera:

Los últimos actos de la Administración liberal de Nicaragua obligaron a los Estados Unidos a tomar esos pasos decisivos con respecto al país. Zelaya y su partido que nunca habían encontrado obstáculos para sus actos desaforados, cuando se vieron ligados por los compromisos contraídos en la Conferencia de Paz, celebrada en Washington en 1907 por llamamiento de Mr. Root, entonces Secretario de Estado, sintieron profunda irritación contra el poder intruso. Enloquecidos por sus anteriores éxitos en tierras extrañas creyeron que podían jugar con el Gobierno americano. Con motivo de la reclamación Emery, adoptaron una política de dilatorias que cansaron al Departamento de Estado. Ni acabaron aquí todas las molestias: otras mil contrariedades (… ) hicieron que la Administración de Mr. Taff viera en la revolución de octubre, iniciada por Estrada en Bluefields, un acto de patriotismo que destruiría aquel régimen que Mr. Knox calificó de borrón de nuestra historia (…) Con la nota Knox empiezan los Estados Unidos a interesarse directamente en los asuntos políticos de Nicaragua (…) Las actitudes asumidas por las administraciones siguientes de los Estados Unidos, con respecto a la política nicaragüense, han sido mas que lógicas, en todo justas; y el gobierno del presidente Díaz no ha hecho mas que sacar de ellas meritorio provecho, procurando que se encaminen sólo al hacia el mejor establecimiento de la paz, del orden y la libertad de Nicaragua. (Cuadra, 1915, pp. 11-13).

Los conservadores y el general desertor sólo lograron obtener la victoria de El Recreo en 1909, sobre las fuerzas del Gobierno, los demás encuentros contra Zelaya y Madriz les fueron adversos, y en desesperación trataron de construir un nuevo Estado en la Costa Atlántica, en complicidad con el cónsul estadounidense Moffat, es decir, que no tuvieron escrúpulos en dividir el país a costa de cumplir sus ambiciones personales y satisfacer los intereses de EU. Esta iniciativa sólo pudo ser impedida, entre otras cosas, por la mencionada renuncia de Madriz, lo que les permitió una marcha sin resistencia al interior. Una comunicación de la embajada nicaragüense en Honduras a Zelaya lo deja en evidencia:

Tegucigalpa, a las 8.10 a.m. del 9 de noviembre. – Presidente Zelaya Managua._Picayune Time Democrat y otros periódicos de los Estados Unidos tratan de nuevo, en serio y con gran entusiasmo del establecimiento de la nueva República en Centroamérica, que se llamará Atlántida, bajo la dirección del general Juan Estrada. Dicen que se compondrá de una rica y extensa región que se halla en el Atlántico, que puede tener vida propia, y que el general Estrada es un gran estadista que convertirá la nueva República en un paraíso, que no dudan hará la República soñada por Platón. (Zelaya, 1910, p. 41).

*Rafael Casanova es historiador e investigador de la Biblioteca “Roberto Incer” del Banco Central de Nicaragua.

Bibliografía y otras fuentes consultadas:

1 Cuadra, Pedro Rafael. El Partido Conservador y la Intervención Americana en Nicaragua (folleto s.p.i.). Managua, 1915.

2 Plutónomo (seudónimo).El Gobierno y el comercio (folleto s.p.i.), Managua, 20 de octubre de 1902.

3 Selser, Gregorio. La Restauración Conservadora y la Gesta de Benjamín Zeledón, Managua, Aldilá, 2001 (p. 11 del prólogo de Aldo Díaz Lacayo).

4 Zelaya, J. S., La Revolución de Nicaragua y los Estados Unidos. Madrid, España. 1910. Imprenta Bernardo Rodríguez.

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